007. Veni, vidi, vici

Expresarse con la menor cantidad posible de palabras. Ser conciso. Tenemos un clásico ejemplo (y un ejemplo clásico) en la célebre frase de Julio César:

Vine, vi, vencí.

En 1943, Salvatore Quasimodo escribió Y de pronto anochece. Se trata de un vigoroso análisis de la condición humana, un estudio de la situación del hombre en el universo, un profundísimo ensayo acerca de nuestra fragilidad, acerca de la conciencia de nuestra propia finitud. ¿Tenéis tiempo para leerlo?

Cada uno está solo en el corazón de la tierra,

traspasado por un rayo de sol:

y de pronto anochece.

 

Tres versos. Diecisiete palabras en el original italiano.

Y eso es todo.

Y sin embargo...

Sin embargo, escribimos un cuento, una carta, un informe, y —a veces inconscientemente— nos asalta la duda: ¿se entenderá lo que digo?, ¿no me estaré quedando corto para expresar esta idea? Entonces empezamos a enredarnos en las palabras, a escribir más de la cuenta.

No importa: sigamos escribiendo. Saquémonos de encima a nuestros demonios, dejemos rugir a los dragones.

Ya habrá tiempo para corregir.

 

Fuente: Taller de corte y corrección de Marcelo di Marco