La llave se quedó atascada en la cerradura. El anciano dejó la maleta sobre el tranco y oteó las casas encaladas del pueblo. Sus ojos se cruzaron con los de una anciana, vestida de luto, que regaba los geranios de su portal.
Se acercó.
—Buenos días, señora, ¿Tendría aceite para engrasar?
—No sé si le servirá. Esa puerta no se abre desde hace mucho.
Le invitó a entrar.
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Continúo las correcciones sugeridas...
Cogí su mano,.... ...