Con una maldición entre los dientes, bajó el rifle de su hombro y corrió hasta la orilla, sólo para comprobar lo que ya sabía. Había fallado el último tiro. Aquel mocoso se le había escapado cuando casi podía acariciarlo con la punta de sus dedos.
Siguió con la mirada la corriente con la esperanza de encontrar su cuerpo flotando inerte, pero varias decenas de metros río abajo le vio braceando entre las blanquecinas crestas que se formaban en el agua. Se agachó para tocarla y comprobó que estaba helada.
“No creo que sobreviva...
Seguir leyendo
Continúo las correcciones sugeridas...
Cogí su mano,.... ...