No habían pasado ni veinte minutos antes de que el grupo de amigos se topara con una patrulla de la guardia de la torre. Eran unos ocho jinetes, sin duda, soldados de la guardia Itsmoor, que regresaban a la ciudad. Por suerte, el estruendo del galope de los caballos en la distancia les dio el tiempo suficiente para ocultarse a un lado del camino.
–Parece que no lo han encontrado –dijo Julius, refiriéndose a Gerald, tras volver a agacharse detrás del montículo que les cobijaba.
–A saber dónde estará –...
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Continúo las correcciones sugeridas...
Cogí su mano,.... ...