Tercera persona
Andrew agradeció el aguacero que estaba cayendo sobre el cementerio. Reblandecía la tierra y hacía más fácil excavarla.
— ¡Te juro que la vi!, ¡¿me oyes?! ¡Mi mujer está viva! —gritó en el momento en el que un rayo iluminó la lápida de Elsa.
Joseph le daba la espalda, impasible a los furibundos palazos de su amigo. Con su mano izquierda se aferraba a un paraguas; la otra, en el bolsillo de su gabardina.
¡Toc!
Joseph cerró los ojos. Suspiró. Al darse la vuelta observó a...
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Continúo las correcciones sugeridas...
Cogí su mano,.... ...