Un espeso humo negro cubría el barranco; en él se reflejaban los destellos rojos, azules y naranjas de los coches de emergencias. La noche era cerrada cuando los bomberos consiguieron apagar las llamas que calcinaron el turismo. Por el talud descendían los agentes de policía y el personal sanitario; las luces de sus linternas se asemejaban a un baile de luciérnagas.
—¡Qué asco! —se oyó decir al agente que sujetaba un cráneo cuya carne carbonizada se desgajaba.
... Seguir leyendo
Continúo las correcciones sugeridas...
Cogí su mano,.... ...