Mientras tanto, imaginé, ya habría amigos esperándome en el andén. Seguro que habrían organizado una especie de comité de bienvenida.
El vagón mantenía un balanceo rítmico, acompañado de un clang-clang toda vez que las ruedas pasaban por encima de una junta en los raíles. Volví a sumergirme en la intermitencia del sueño. Me venían imágenes del día de mi partida, demasiado vívidas para ser reales. Angelines, más guapa, más alta de lo que era, me daba el beso de despedida....
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Continúo las correcciones sugeridas...
Cogí su mano,.... ...