Cuando yo era chico, a mamá se le salía la cabeza.
Y lo más grave era que mamá guardaba la memoria en la misma cabeza, así que era perderla y olvidarse de ello. Entonces yo tenía que correr de acá para allá, llamándola y prestando atención porque como la cabeza de mamá no tenía pulmones, me contestaba con un hilito de voz.
En casa éramos un montonazo de familiares: ocho madrastras, como treinta hermanastros, mamá, papá, la Virgen y el imitador de...
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Continúo las correcciones sugeridas...
Cogí su mano,.... ...