Mi nombre era Francisco y nunca creí en el karma hasta que lo sufrí en carne propia.
Era un excelente día para trabajar. El sol estaba más escondido que nunca, las nubes grisáceas se apoderaban del cielo y caían algunas gotas de agua helada. Al entrar al taller, me invadió ese olor penetrante, dulce… la sangre de todos los que habían pasado por allí se mezclaba y su fragancia era sublime. Inspiré ese exquisito olor y continué mi camino hacia la mesa principal, en donde mi asistente ya había atado a mi próxima víctima. Su pelo era...
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Continúo las correcciones sugeridas...
Cogí su mano,.... ...