No guardo cosas ni me aferro a ningún objeto.
Me rijo por un pricipio mafioso: no tengas nada que no puedas abandonar en los próximos treinta segundos.
Las cosas que amo no me pertenecen, no por completo, aunque las disfrute como si no tuvieran más dueño que yo: pasear con Poroto por un monte de encinas, entre rocas y majanos. Ver cómo persigue a una perdiz, un conejo distraído o un papelito que vuela. Rascarle las orejotas mientras bebe...
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Continúo las correcciones sugeridas...
Cogí su mano,.... ...