Una aventura sin salir de casa

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Siendo niño vivía en casa de mis abuelos; frente al bar que por entonces regentaban mis padres. En aquella misma calle se encontraba el colegio donde cursaba primero de la antigua EGB.

Antes de volver a las clases de la tarde me entretenía ahogando hormigas en la terraza. Era muy modesta pero a mí me parecía impresionante. Sobre todo por la presencia de un limonero. Nada menos que ¡un árbol en tu propia casa! Una de aquellas tardes, no sé por qué, me escondí dentro de un pequeño armario blanco donde se guardaban las escobas y las fregonas. Faltaba poco para que dieran las tres de la tarde cuando mi abuela, peine en mano, salió a la terraza. “¡David!, ¡Davilillo!”, me llamaba. Yo la miraba divertido a través de la rendija del armario.  Mi intención era abrir la puerta de golpe y darle un buen susto. Pero me contuve. El tono de su voz pasó del cabreo a la preocupación. “David, cariño, ¿dónde estás?, ¡Hay que ir al cole!”. No supe qué hacer. Por un lado quería salir, por otro algo me lo impedía. No sé si la curiosidad por lo que pudiera pasar o por simple crueldad infantil. Pero sentí el daño que le estaba causando como una punzada en el estómago. Vi como entraba en el interior de la casa. ¡Ese era el momento de salir! Le diría que estaba en el lavabo y el sufrimiento que le había causado se compensaría con la alegría de verme.  Abrí el armario y me dirigí a la puerta de la terraza. Al empujar el pomo comprobé que ¡estaba cerrada! Me sentí sólo. Mi terraza, mi casa, me parecieron en ese momento extrañas. Observé la ventana que daba a la cocina. Estaba abierta pero demasiado alta para alcanzarla así que acerqué uno de aquellos antiguos tambores de jabón para subirme.

Una vez dentro de la casa me dispuse a llamar a mi abuela pero callé. Antes de eso tenía que pensar en alguna  justificación. Me sentía culpable por el susto causado y por la falta a clase. Jamás volvería a hacer nada parecido. Fue por eso que el castigo o la reprimenda me parecieron una consecuencia innecesaria: ¡Ya había aprendido la lección!. Tras pensarlo elaboré una historia que terminaría conmigo quedándome dormido bajo la cama.

Enfilé el pasillo pero la casa estaba vacía. Desconcertado llegué a la puerta de la calle. Lo que encontré al abrirla me dejó blanco. Congregados frente a la puerta estaban todos los vecinos del barrio, mis amigos del colegio y hasta mi profesora. Quise entrar de nuevo en casa pero una voz profirió “¡Pero si el niño está aquí!”. Una avalancha se abalanzó sobre mí exclamando “¡Llamad a la Isabel y a la Pura!”.  “¡¿Pero qué hacías ahí dentro, criatura?!”. Me preguntaban, pero yo no acerté a abrir la boca.

Me esperaba un bofetón o una bronca de campeonato pero no que todo el barrio hubiera salido a buscarme. Luego me enteré de que llamaron a mi padre para que volviera del trabajo. También supe que se llamó incluso a la policía. Hoy día me pregunto cuánto tiempo llegué a estar en ese armario.

No solté palabra en lo que quedó de día. Pensé que había realizado el acto más horrible que se podía hacer. No recibí ningún bofetón cuando llegaron mis padres y mi abuela. Tampoco recibí la bronca que me esperaba. De hecho apenas duró un instante hasta que la terminó un beso de mis padres, que tenían los ojos enrojecidos. Nunca antes les vi llorar. Me castigaron sin ver la televisión toda la tarde. Me pareció bien. Siempre mantuve mi versión de que me quedé dormido bajo la cama. Mis padres la aceptaron. O eso creo yo.  

Comentarios

Excelente y bien llevado. Un

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Excelente y bien llevado. Un buen ejemplo de la diferencia entre contar y mostrar.

El tema me toca de cerca, alguna vez hice el juego de desaparecer, y también sostuve mi inverosímil versión contra todos los interrogatorios, ruegos, amenazas, sobornos, etc.

Un comentario aparte: la sensación de extrañeza ante lo conocido (cuando el prota se queda encerrado en el patio) tiene un correlato en el artículo "Lo siniestro" (unheimlich) de S. Freud. Allí sostiene que siniestro es aquello familiar que, de pronto, se nos antoja inquietante u hostil.

Saludos

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Creo que algo más aterrador

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Creo que algo más aterrador que lo desconocido es cuando lo conocido se vuelve extraño. Gracias por tu recomendación. Buscaré ese texto de Freud.

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DavidRubio

Nos has mostrado la escena

Imagen de Geli

Nos has mostrado la escena tan bien que la vemos perfectamente, como una peli. Échale una ojeada a este párrafo. Desde mi punto de vista demasiados "ya" y corregiría la frase que resalto.

Ya en el interior de la casa me dispuse a llamar a mi abuela pero callé. Antes de eso tenía que pensar en alguna  justificación. No acababa de querer ser castigado. Ya me sentía culpable por el susto causado y por la falta a clase. Jamás volvería a hacer nada parecido. El castigo o la reprimenda me parecieron una consecuencia innecesaria dado que ya había aprendido la lección. Tras pensarlo elaboré una historia que terminaría conmigo quedándome dormido bajo la cama.

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Geli

Marchando corrección. El

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Marchando corrección. El texto me salió más largo y recorté esa parte sin compasión. También ha quedado colgada esa frase. Gracias por tu lectura y correcciones Julieta

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DavidRubio

¡De la que te libraste, David

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¡De la que te libraste, David!

Buen relato. ¿Nunca les has preguntado si te creyeron?

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Miguel

La verdad es que, pasados los

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La verdad es que, pasados los años, lo he comentado con ellos y con mi abuela, que en paz descanse, en varias ocasiones. Lo más increible es que me contaron que, mientras estaba en la terraza, unos vecinos entraron en la casa alertados por mi abuela. Según me dijo incluso llegaron a pasar una escoba por debajo de aquella cama. Por mucho que les haya dicho que estaba en aquel armario jamás me han hecho caso. Me decían que era muy pequeño. Así que, parece, ellos piensan que me quedé dormido. De todas formas lo que más me desconcertó fue el tiempo que debí pasar encerrado en el armario. Para mí fue muy poco pero por lo que me contaron debió ser una hora larga. ¡Misterios de la memoria!. Gracias Miguel

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DavidRubio

Una anecdota en cierto modo

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Una anecdota en cierto modo divertida que contar aunque en ese momento no lo fuera para ninguno de los implicados. Esos malos momentos  se olvidan rápido cuando todo queda en un susto y pasan a ser una aventurilla. 

Sobre la narración a mi me parece perfecta, dentro de lo que sé, claro. 

Un abrazo, David. 

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Apreciadísima Verónica,

Imagen de DavidRubio

Apreciadísima Verónica, perdona no haberte respondido antes pero esta semana se me escacharró el ordenador. Hoy ya lo tengo arraglado y a ver si me pongo al día este finde. Gracias por tu comentario y sí el mal momento de mis padres lo he llegado a entender siendo padre. Un abrazo y me paso por tus textos este finde.

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DavidRubio