
Delirio delicioso
de moras y de frutas,
de cosas diminutas
que pintan lo amoroso.
Texturas y armonioso
color que, sin minutas,
roza el labio ardoroso.
Pecados de sabores
prendidos de hermosura,
nacidos de cultura
que gana en mil honores:
que en rojo y con rubores
o en viola o en mixtura
se alzan aún mejores.
