No maldigo haber amado
ni tampoco el cruel amor,
maldigo aquel deshonor
de saberse despreciado,
aun a vil pasión atado.
Cuando una persona entrega
todo a la fortuna ciega,
pierde harto sin tener nada
que le devuelva, otorgada,
la dicha de que reniega.
Delirio delicioso
de moras y de frutas,
de cosas diminutas
que pintan lo amoroso.
Texturas y armonioso
color que, sin minutas,
roza el labio ardoroso.
Pecados de sabores
prendidos de hermosura,
nacidos de cultura
que gana en mil honores:
que en rojo y con rubores
Río Jarama que conduces presto
el sentimiento del ánima en vida
y que acaricias con esa sentida
corriente el valle con altivo gesto,
¿adónde encaminas aquel enhiesto
cauce que besando entre su crecida
orilla va, y que a la vista convida
a contemplar su camino dispuesto?
Campos que os bañáis en el agua pura