Un testigo

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Género: 

  • Cuento

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—Bueno, hombre —dije—, tranquilícese.

—¡Tranquilícese, tranquilícese! —dijo con voz llorosa—. Lo hubiera querido ver a usted en ese trance.

Se retorcía las manos, los hombros le temblaban. Levanté los ojos hacia el reloj de pared: tres y media de la mañana, hay que joderse.

—A ver, Gómez —pedí—, tráigale un café a este cristiano.

—A la orden, mi comisario.

Antes de dejar el despacho, Gómez miró al tipo de reojo y meneó la cabeza.

El frío cortaba el aire en tajadas. Extendí las manos sobre el calefactor.

—Empiece de nuevo —dije—. ¿Nombre?

—Abelardo Battistella.

—Battistella, Abelardo —puntualicé—. ¿Y de dónde venía, usted?

—De la casa de unos amigos —dijo. Se rascó la calva con uñas amarillentas—. De una fiesta de cumpleaños.

Gómez irrumpió en la oficina con dos vasos de plástico humeantes.

—Le traje a usted también, jefe. —Arrastró una silla y se sentó al costado del infeliz.

Battistella cruzó los dedos alrededor del vaso. Sopló por encima del café, tomó unos sorbitos cuidadosos.

—Siga —le dije.

—Eso, que venía manejando y al llegar a la rotonda lo ví...

Gómez se inclinó hacia adelante y apoyó los codos sobre las rodillas.

—¿Qué es lo que vio?

—Esa cosa. Esa nave que bajaba en el campo, en medio de luces de colores.

—Una nave del espacio... —el tono de Gómez revelaba sus pensamientos—. Un plato volador, bah.

—No era un plato volador. —Battistella me miró—.  Nunca dije eso, señor comisario, dije que era una especie de nave, una cosa rara.

—¿Cómo un helicóptero? —le pregunté.

—¡Pero qué helicóptero ni qué ocho cuartos!

—Antes de eso —le dijo Gómez—. En la fiesta, ¿estuvo tomando, usted?

—No. Sí, una cerveza. ¿Qué me quiere decir?

—¿Una sola? —la voz socarrona de Gómez—. ¿No se habrá olvidado de alguna?

—Una, dos. —Battistella alzó los hombros—. ¿Qué diferencia hay?

—Mucha —lo interrumpo. Y a Gómez:—. Deberíamos a hacerle un dosaje de alcohol.

—¿Un dosaje? Pero, si yo vine a hacer una denuncia y...

—Son las tres de la mañana, viejo —le dice Gómez—. Las tres. Y usted se nos viene medio en pedo, con una historia de marcianos y qué se yo cuántas macanas.

—¡No son macanas!

—¿Dónde vive?

—A dos kilómetros de La Herminia, por el camino que va a Los Chospes. Les repito que...

—¿Solo? —pregunta el implacable Gómez—. ¿Vive solo?

—Sí —dice Battistella, y hay desesperanza en su tono—. Vivo solo.

Pruebo el café, que ya se ha enfriado. Me paso la mano por la cara y noto la barba crecida.

—Entonces —le digo a Battistella—, al pasar por la rotonda vio que esa especie de helicóptero con luces de colores bajaba en el campo.

—Le repito, comisario, que no era un helicóptero. Y cuando bajó, se me paró el motor de la camioneta. Después se abrió como una compuerta y bajaron dos seres con apariencia humana.

—Ya entiendo...

—Dos enanos verdes —dijo Gómez—, con antenas.

—¡No eran verdes! —Se revolvió Battistella—. Tampoco enanos ni con antenas. Eran, parecían, dos hombres. Con uniformes grises, muy ajustados y brillantes.

—¿Tiene seguido estas visiones? Estos... ¿encuentros?

—Es la primera vez en mi vida.

—ET, phone home —dice Gómez, que se aprieta la nariz.

—¿Por qué no se va a su casa, Battistella, y duerme un poco? —le digo—. Después, si sigue con la misma idea, se da una vueltita y lo charlamos.

—Si no me creen, no importa. —Battistella parece decidido—. Mañana mismo voy a hacer la denuncia en la Departamental.

Gómez se incorpora y da unos pasos hacia la ventana, parece observar algo que sucede afuera, frunce el entrecejo.

—Battistella —le digo—. No haga el ridículo. Primero consúltelo con la almohada, ¿sí?

Los dedos de Gómez desempañan el vidrio, la vista clavada en la noche.

—Ustedes, los policías, son todos iguales —se amarga Battistella—: Lo que no entienden, no existe.

—Jefe —la voz helada de Gómez.

—Por esta vez, Battistella —digo, y le apunto con el índice—. Sólo por esta vez voy a pasar por alto su comentario.

—Haga como quiera, comisario. Pero voy a hacer la denuncia en otra parte, donde alguien me escuche.

—Jefe —repite Gómez. Retrocede señalando la ventana—. Mire, jefe. Allá afuera...

—¡Qué pasa, Gómez! —Me fastidio.

Gómez apoya las espaldas en la pared. Sus ojos son dos círculos.

—Unos tipos —balbucea—. Unos tipos con uniforme gris brillante, como de aluminio. Y vienen hacia acá.

Sujetándose el pecho, Battistella se levanta de golpe, su silla cae hacia atrás.

Gómez suelta un alarido y toquetea el botón de la luz, que se enciende, se apaga, se enciende.

—¡Son los marcianos! —grita Gómez y ya no puede contener una carcajada feroz.

Battistella se queda contemplándolo, con la boca abierta.

Furioso, saco la Browning del cajón y le pego un tiro. La cabeza de Battistella estalla en fragmentos rojos y grises.

—Sos un pelotudo —digo, y casi no me escucho: el estruendo me ha dejado sordo—. Lo podíamos haber convencido...

—¡Qué lo vamos a convencer! —Gómez se apantalla el humo—. ¿No viste que seguía y seguía con eso de ir a la Departamental?

—Y si encima lo tomás para la joda, ya me dirás.

Hay un tufo pegajoso en el aire del despacho.

—Hacé desaparecer la camioneta, el cadáver, y después me limpiás la oficina bien a fondo. ¿Comprendido? —ordeno.

—Comprendido, jefe. Yo me ocupo de todo.

—¿Hubo más testigos del aterrizaje?

—No —dice Gómez—. Este fue el único.

—A propósito, ¿los recién llegados?

—Ya van camino a Base 2. — La voz de Gómez es pura eficiencia.

Comentarios

¡Hola Oscar!

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¡Hola Oscar!

Acabo de leer tu texto. Me encantó. Tiene el humor justo y los diálogos están muy bien. 

Sospecho que voy a disfrutar mucho leyéndote.

¡Abrazo!

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AquaVioleta
www.aquateca.com.ar
@Aquarelas

Gracias, AquaVioleta.

Imagen de Oscar

Gracias, AquaVioleta.

Quizá los diálogos son demasiado "argentinos", y Google no tiene capacidad de traducirlos. Guiño

Saludos

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Muy original, Oscar, hasta

Muy original, Oscar, hasta leer tu comentario pensé que eras argentino, pibe...

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Soy un argentino

Imagen de Oscar

Soy un argentino transculturizado, Rafa.

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Me quito el sombrero. Chapeau

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Me quito el sombrero. Chapeau!. Es como una historia de aquella serie de LA DIMENSION DESCONOCIDA

Saludos

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DavidRubio