La cepa

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Género: 

  • Cuento

Enlace al taller: 

―¡Así no se puede escribir! ―Pedro estrelló el lápiz contra la pared, se dejó caer sobre la mesa y ocultó la cara entre los brazos.

Manuela recogió el lapicero, le sacó punta y con gestos suaves lo dejó junto a la libreta.

Al cabo de unos minutos, el niño levantó la cabeza y miró desafiante a su madre. Le extrañó verla más pequeña, como si hubiera encogido.

Entonces, ella le preguntó en voz baja: «¿seguimos?».

―¿Tú que crees? ―le dijo con voz de pito, y se fijó en que su madre se estaba arrugando tanto como la abuela.

—Barco con be —Manuela continuó dictándole pero pronto se vio interrumpida, de nuevo, por su hijo.

―¿Y me lo dices ahora? ¿eh? ―chilló. Esta vez se dio cuenta de que su madre había menguado aún más y que, de tan arrugada, parecía un sarmiento.

―Tesoro ―un hilillo de voz salía de su boca―, no sé si quieres que te indique las faltas de ortografía ahora o prefieres que las corrijamos todas al final.

―¡Me hartas! ¡Siempre estás corrigiéndome! ¿No tienes otra cosa que…?

¡Plof! Se escuchó. Una nube de humo espeso y rosáceo se interpuso entre ambos. Cuando se disipó, ¡la mujer había desaparecido! En su lugar, había una cepa desnuda.

―¿Mamá?  

Un silencio tupido ocupó la sala.

―¿Mamá? ―repitió con tono vacilante―. ¿¡Dónde estás!?

Pedro se abrazó a la cepa entre sollozos. Las lágrimas caían sobre las ramas nervudas en un goteo insolente. Pasado un tiempo, el enfado desapareció. Aunque seguía llorando, el llanto era ya un llanto silencioso. Notó cómo la planta se estremecía y que, de sus brazos retorcidos, brotaban unos pequeños bultos que se abrieron poco a poco y se convirtieron en hojas de un verde brillante y vivo.

El niño no salía de su asombro. Preocupado por cuanto le había sucedido, y sin otro ser vivo cerca, le dio por pensar que tal vez aquella planta tenía sed. La regó un poco y, de improviso, las hojas crecieron. A Pedro le reconfortó saber que sus cuidados daban buenos resultados y así se lo dijo:

—¡Vaya! Sí que tenías sed. Ahora estás mucho más bonita que antes. ¿Sabes?, a partir de ahora, yo cuidaré de ti.

La cepa ganó altura y el número de hojas se multiplicó.

Pedro, más confiado y seguro de sí mismo, siguió hablándole.

—¡Ojalá estuviera aquí mi mamá! Ella sí que nos cuidaría bien a los dos.

Bostezó. Era tarde. Arrastró la maceta, que pesaba mucho, hasta el salón y se tumbó en el sofá a esperar a su madre. El cansancio acumulado durante el día venció su resistencia al sueño y pronto se durmió.

A la mañana siguiente, Manuela lo llamó, como todos los días, para desayunar. El niño se alegró mucho de ver a su madre en casa y pensó que la tarde anterior se había quedado dormido en el sofá y había tenido un sueño. Sin embargo, se sorprendió mucho al ver la cepa, justo donde él la había dejado, más exuberante y verde que nunca.

Desde aquel día, Pedro procura no gritarle a su madre, ya que ha observado que, cada vez que lo hace, a la cepa se le caen las hojas, pierde altura y se reseca. Además, le prometió que cuidaría de ella. A su madre no le ha dicho ni una palabra, pero ha visto que, también, ella le habla y la riega de vez en cuando.

Comentarios

Un relato precioso. Creo que

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Un relato precioso. Creo que se lo leeré a mis hijos en más de una ocasión. Has plasmado muy bien el hartazgo del pequeño por verse corregido. En esa edad donde los niños empiezan a formar su personalidad y empiezan a rebelarse ante las correcciones de los padres. Extraordinario como reflejas a la madre empequeñeciendo ante la ira del pequeño. Pero cuando ya no está aparece el niño que busca la protección de su madre. Todos en el fondo, con independencia de la edad, añoramos el cobijo de nuestra mamá. Pero como todos valoramos lo que tenemos cuando lo perdemos, al final, el niño comprende lo que es la responsabilidad. Entiende a su mamá. Para mí es un texto muy bien construido. Como debe ser siempre. Un inicio, un nudo y un desenlace donde los protagonistas han cambiado respecto del punto de partida. He leido el relato ya revisado. Luego he visto las correcciones. Otra lección aprendida. Un abrazo

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DavidRubio

Gracias, David. Me honra que

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Gracias, David. Me honra que el cuento se lo vayas a leer a tus hijos. Me encantará saber qué han dicho, si lo han entendido y cómo lo han entendido. Su opinión puede ser muy relevante para mí.También yo haré la prueba con el mío. De hecho, el cuento ha nacido para hacerle entender, entre otras cosas, que los gritos no son la mejor manera de relacionarse con los demás. 

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Geli