En la noche de Reyes

Imagen de DavidRubio

Género: 

  • Cuento

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Hace ya un rato que no oigo nada en casa. Apenas la respiración de Peque. Abro los ojos. Creo que mamá ya está dormida. Me levanto. Busco mis zapatillas y mi bata de La Sirenita. Trato de no hacer ruido. Salgo al pasillo. Ando de puntillas hasta llegar a la habitación de mamá. Duerme.

Vuelvo sobre mis pasos hasta la habitación de Peque. Abro lentamente la puerta. Respira muy fuerte cuando está dormido. Tropiezo con su camión de juguete. Hace un ruido terrible. Me quedo quieta. Menos mal parece que mamá no se ha despertado. Silencio. El sonido solo ha provocado que Peque se dé la vuelta en la cama. Me acerco a él. Le toco el brazo.

—Peque, despierta —le susurro al oído.

Él se hace el remolón.

—Venga Peque, despierta. Mamá ya duerme y todavía no han llegado.

Por fin abre los ojos pero se da la vuelta para seguir durmiendo. Le vuelvo a zarandear con más fuerza y por fin consigo que se vuelva hacia mí.

—Jo María tengo sueño.

—Vamos Peque —Le destapo—. Ya hemos quedado en que los esperaríamos despiertos para pedírselo, es de noche y deben estar a punto de llegar.

— ¿Ya están los Reyes? —Peque da un brinco entusiasmado— ¿Han dejado ya los regalos?

—No, te he dicho que debe faltar poco —Busco su mono de peluche— Anda coge a Monín, ¿Dónde has puesto tus zapatillas?

Atravesamos el pasillo hasta llegar al comedor. Peque se sienta en el sofá. Hace frío. Busco la mantita de lana con la que nos tapamos. La encuentro sobre la silla, al lado del árbol de Navidad. Veo sobre la mesa los tres vasos de leche y las galletas que hemos dejado para los Reyes Magos. En el suelo están nuestros zapatos para que pongan ahí los regalos. Me siento junto a Peque, en el sofá, y nos cubrimos con la manta. Peque se recuesta sobre mi hombro.

—María, mamá dice que los Reyes no vienen si los niños están despiertos.

—Ya te he dicho que si nos estamos quietos no pueden saber si dormimos o no —Miro la puerta de la entrada. Está cerrada—. Cuando ya estén aquí nos presentamos como te lo he explicado esta tarde. Venga vamos a repasar lo que les vamos a pedir. Repite “Queridos Reyes Magos…”

—María, tengo miedo

—Peque son los Reyes, ¿de qué vas a tener miedo?, es la única forma de que vuelva Papá —Le acaricio el pelo— ¿No quieres que regrese?

—Sí, pero ¿por qué no se lo hemos pedido por carta?, en la cabalgata todos los niños le daban sus cartas a los Reyes cuando estaban montados en sus carrozas.

— ¿Es que no te acuerdas de aquellas cartas que vimos el año pasado tiradas en la calzada? —Le cojo de la mano— Se cayeron de las carrozas y cuando los Reyes se fueron no vimos a nadie recogerlas. ¿Cómo sabrían luego qué regalar a esos niños? No podemos arriesgarnos.

—Yo este año he pedido el Supermegarobot 4000.

—Vale también se lo pediremos, yo también quiero un juguete pero lo importante es que vuelva Papá, ¿o es que no quieres tener un papá como los demás niños? —Le doy un beso.

—María —Peque me mira mientras juega con la oreja de Monín—. Quiero a papá pero no quiero que huela raro. Tampoco quiero que grite.

—Yo tampoco, por eso les estamos esperando —Le beso en la mejilla—. ¡Vamos a pedir todo a los Reyes! Ya verás cómo entonces papá volverá, pero sin gritar y sin oler raro. Venga repite conmigo “Queridos Reyes Magos. Este año nos hemos portado muy bien. Hemos obedecido en todo a Papá y a Mamá. En el cole los profes no están contentos pero el año que viene nos esforzaremos más. Perdonad si os hemos esperado despiertos pero no nos fiamos que, con tantas cartas, la nuestra se perdiera. Queremos pediros que Papá vuelva. A veces huele raro y se enfada. Pero solo quiere que mamá se porte bien. Nos quiere y nos ayuda con los deberes y nos compra juguetes. Por eso os pedimos que vuelva. También queremos que mamá le haga caso en todo. Ella es muy buena pero a veces hace cosas que no le gustan a Papá y entonces se enfada mucho y no queremos que grite a mamá. Haced que cuando vuelva tenga más paciencia y ya no huela raro nunca más. También queremos que mamá no sea tan torpe y no se haga tantos morados en la cara, ni que se haga arañazos en los brazos. Siempre se da golpes en las puertas y los armarios. Nosotros no lo hemos visto pero todas las semanas tiene pupas. Todo eso nos haría muy felices porque todos los niños del cole tienen un papá y una mamá que se quieren. Gracias. Os hemos dejado tres vasos de leche y galletas para que tengáis fuerzas toda la noche y podáis llevar regalos a todos los niños.”

—Y también el Supermegarobot 4.000 —me dice Peque.

—Sí, también. Venga quédate acostado en el sofá —Se acurruca con Monín y le tapo. Yo me levanto.

Voy a la cocina a buscar un cubo. Después voy a la habitación de Peque a coger unas piezas de construcción. Las meto en el cubo y vuelvo al comedor, hacia la puerta de la entrada.

— ¿Qué haces María? —dice Peque.

—Calla —le susurro—. Estoy poniendo un cubo lleno de tus piezas tras la puerta. Así, si nos quedamos dormidos, nos despertará el ruido de las piezas al caerse cuando abran la puerta.

— ¿Y si vienen por la terraza? —me pregunta Peque.

— ¿Cómo van a venir por ahí?, ¿No los has visto esta tarde en la cabalgata? Nos han enseñado un manojo con todas las llaves de las casas con niños. Si tienen la llave será para entrar por la puerta.

Me recuesto junto a Peque. Se apoya en mi hombro y nos tapamos.

 

¿Cuánto dura la noche?, ¿igual que el día? Nunca he estado despierta tan tarde. Pero es necesario.  Peque se ha dormido ya. Espero que no se le escape el pipí como cuando está en su cama. Por lo menos últimamente no tiene pesadillas. Yo tampoco. Miro el recibidor. Allí fue la última vez que vi a Papá.  

Esa noche mamá nos estaba contando un cuento en este mismo sofá cuando llegó papá. Entró tambaleándose. Cuando anda así siempre huele raro y está enfadado. Fue directamente a la cocina sin darnos ningún beso. Había tortillas para cenar. El niño del cuento estaba a punto de salvar a la princesa del malvado dragón cuando papá exclamó “¡Está fría!”. Mamá suspiró. Cerró el libro y nos dijo que seguiríamos mañana. Peque se enojó y dijo que no, quería que lo terminara ahora. Papá volvió a gritar desde la cocina “¡sabe horrible, ni una maldita tortilla sabes hacer!”.  Mamá me dijo que fuera a acostarme porque tenía que calentar la cena de papá. Peque pataleó, se enrabietó. “¡Que vengas a prepararme un bocadillo!”, volvió a chillar papá. Antes de acostarme quise ir a la cocina a darle un beso, pero mamá me dijo que no, que ya se lo daría mañana. Peque lloraba y gritaba. Mamá le pidió que se callara. Papá volvió a vociferar “¡Calla de una vez a ese crio y acuéstalos no sabes ni cuidar de tus hijos!, así van en el colegio”. Mamá llevo a rastras a Peque hasta su cama. Yo fui a mi habitación. Desde mi cama continuaba escuchando las voces de papá. Mamá le hablaba en susurros. Me sobresaltó el ruido de un plato al romperse y un enorme ajetreo de muebles. Escuché decir a mamá que se tranquilizara que estaban los niños. “¡Si quieres que me calme haz lo que tienes que hacer de una puñetera vez!” Sentí a mamá chillar y muchos golpes contra la pared y contra los muebles. Me tapé la cabeza con la almohada.  Entonces sonó el timbre. Se sentían muchas voces desde el vestíbulo. De repente la puerta se abrió de golpe. Ahora era mi papá quien gritaba “¡dejadme!, ¡aquí no pasa nada!”. Todo se llenó de porrazos, de muebles arrastrados y sonidos de cristales rotos. El griterío despertó a Peque que empezó a llorar. Mamá exclamó “¡Mi niño!”. Otra voz le decía “¡Tranquila señora!”. Me cubrí toda entera con la sábana. Poco a poco los gritos de papá y el ruido se fueron alejando y la casa quedó casi en silencio. Peque se calló. Al rato se abrió la puerta de mi habitación. Era mamá. Sin encender la luz se acercó a mi cama. Me destapé solo media cabeza. Ella me dio un beso. Le pregunté por papá y me dijo    que estaba bien, que había resbalado con una silla y se iba al médico pero que no pasaba nada. La puerta de mi habitación estaba entreabierta. Por el resquicio distinguí a una mujer vestida de policía.

Desde entonces no ha vuelto papá. Mamá me dice que después de curarse le llamaron de un trabajo en el extranjero. Pero que volverá en poco tiempo. Pero no lo hace. Pronto regresará porque los Reyes Magos me tendrán que escuchar. Se lo pediré a Baltasar. Seguro que él comprenderá por qué estamos despiertos. Melchor y Gaspar, con esa barba, me da que son más serios.

 

¡Me he quedado dormida!, No, no, no. Me incorporo. La cabeza de Peque se cae sobre el respaldo. Miro los zapatos y los vasos de leche. Menos mal. No hay regalos todavía y los vasos siguen llenos de leche. Pero ya no está tan oscuro. ¿Cuándo vendrán? A lo mejor visitan las casas por orden alfabético. Mi apellido empieza por “v”. Me acurruco otra vez junto a Peque. Le arropo y le acomodo la cabeza bien puesta sobre el cojín. Oigo un ruido al otro lado del pasillo, en la habitación de mamá. ¡Por fin!. Pero, ¿Cómo han llegado hasta allí? Distingo el cubo tras la puerta de la entrada. ¿De verdad entran por las ventanas? Escucho pasos que vienen por el pasillo. Noto mi corazón golpeando mi pecho. ¿Cómo será verlos en persona?, ¿Seré la única niña que los ha visto? ¿Vendrán con sacos? ¿Se enfadarán cuando nos vean? La puerta se abre.  ¡Ya llegan!

Veo aparecer dos paquetes por la puerta. Los lleva ¿mamá? Me quedo quieta observándola. Deja un regalo sobre los zapatos de Peque. El otro al lado de los míos. Se detiene frente a la mesa. Coge un vaso de leche y se lo bebe. Hace lo mismo con los otros dos. La veo comerse las galletas. Está de pie mirando el belén. No muevo ni un músculo para que no note que estoy aquí. Cuando termina vuelve al pasillo. Pero, ¿Dónde están los Reyes?

Poco a poco el comedor tiene más claridad. Peque sigue dormido.  ¿Es que no van a venir ? Me pongo en pie. Mis pasos me dirigen a la habitación de mamá. Cuando llego la veo tumbada. Me siento sobre la cama. Miro su cara. Desde que se fue papá ya no tiene morados ni heridas. Mamá abre los ojos y se incorpora.

— ¡Hola tesoro!, ¿Ya han llegado los Reyes? —me dice acariciando mi brazo.

Mis ojos se humedecen. Y no quiero que lo hagan. No puedo moverme. A lo lejos oigo a mi hermano exclamar “¡Ya han venido!”.

— ¡El megasuperrobot 4000! —grita Peque lleno de júbilo.

—Cariño, ¿Qué te han traído? ¡Ve a mirarlo! ¿Qué te ocurre?

Noto que se me escapa una lágrima. Y no quiero. Porque entonces le tendré que decir a mamá que la he visto dejar los regalos. Y ella me preguntará qué hacía despierta. Y no sabré que decirle porque no sé si se enfadará por querer que vuelva papá. Y no sé si está bien que quiera eso porque si no vienen los Reyes papá seguirá siendo malo con mamá. Y no quiero que lo sea. Y no sé qué sentir por deseo que estemos todos juntos, como lo están los demás niños del cole. Y, si ya no van venir los Reyes, no sé qué puedo hacer.

— ¡María pero ven de una vez! , ¡Te han traído la casa de Peppa Pig!,… ¡Y viene con Peppa, George, Mamá pig y Papá pig!

Comentarios

David, es una historia muy

Imagen de Geli

David, es una historia muy tierna y amarga a partes iguales. Me gusta especialmente el inicio y el diálogo de los niños, pero creo que tu texto necesita una  poda y la empezaría a partir del discurso que los niños tienen preparado para los Reyes Magos.

Plasmas bien una gran variedad de sentimientos encontrados. ¡Adelante con las correcciones!

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Geli

Me gusta el contraste que

Imagen de miguel

Me gusta el contraste que tiene el relato. Sin embargo, encuentro cosas que no me cuadran:

  • ¿Cómo es posible que la madre salga de casa y no vea a los niños?
  • Una niña que aún cree en los reyes magos ¿puede tener esas reacciones y hacer ese tipo de reflexiones?
  • Me sobran repeticiones y algunas explicaciones.

Estoy con Geli en que es necesaria una poda.

Un abrazo.

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Miguel

Estoy de acuerdo con las

Imagen de Oscar

Estoy de acuerdo con las observaciones de Geli y Miguel. Habría que recortar un poco.

Lo que le chirría a Miguel es un problema de verosimilitud: la niña se comporta como tal, pero razona "demasiado". Y, a la inversa, si el razonamiento es correcto, es difícil de aceptar que crea que la madre se golpea contra los muebles o que llame "olor raro" al tufo del alcohol.

Quizá, arriesgo, si no razonara tanto, si no viera a la madre beberse la leche, podrías utilizar esa inocencia con más provecho para el texto.

Saludos

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¡Hola a todos!, gracias por

Imagen de DavidRubio

¡Hola a todos!, gracias por vuestras observaciones. Me pondré a revisarlo en un par de semanas, así tomo distancia con el texto y puedo ser más crítico. En todo caso con las revisiones trataré de:

1. Respecto la verosimilitud, Mi idea del personaje de Maria es el de una niña que está en esa edad en la que se debate entre lo que cree y lo que necesita creer. Ella empieza a ver una realidad que no quiere aceptar y trata de dar cierta lógica a lo que necesita creer. Por ejemplo cuando eres muy niño asumes que los reyes vienen y dejan regalos. El siguiente paso es cuestionarte no si existen los Reyes si no cómo lo hacen, vienen por la ventana o por la puerta, les dan los regalos a los padres o bien se los venden. Finalmente ya no crees. En el relato quiero reflejar a una Maria que está en esa fase intermedia. Cree en los Reyes pero empieza a cuestionarse cómo llegan. Trataré de reforzar esta idea entre lo que cree y lo que necesita creer.

2. Respecto a las repeticiones. Lo dicho en dos semanas creo que seré más objetivo para borrar las que no sean necesarias.

3. Por último clarificaré la escena de la madre entrando al comedor. La idea es que está en penumbra y el sofá está alejado de la mesa. Los niños quietos, permanecen en la penumbra, pasando desapercibidos para la madre, recien despierta y en sus cosas.

Ok indicadme si estas tres líneas de revisión son correctas.

¡Un abrazo a todos!

 

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DavidRubio

Yo creo que sí, David.

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Yo creo que sí, David.

También es muy importante tomar distancia, limpiar la cabeza del texto.

Cuando creas que estás listo para volver a la carga, aquí estaremos.

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La idea de dejar reposar el

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La idea de dejar reposar el texto te ayudará. Las líneas que apuntas tienen buena pinta.

¡Suerte con las correcciones!

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Geli