Consejo, dos finales.

Género: 

  • Microrrelato

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PRIMERA OPCIÓN DE FINAL

Su mirada tropezó con la mía. Sus pupilas, dilatadas, brillantes. Nuestros ojos empapados de sentimientos que proliferaban en unas pocas lágrimas, incapaces de permanecer en su sitio. Rápidamente sus brazos buscaron mi cintura y sentí la necesidad de enganchar los míos a su cuello. Permanecimos inmóviles, con la mirada fija y llena de regocijo, admirándonos. Posó su barbilla sobre mi hombro, nos incorporamos en un abrazo que no quería acabar. Alejó un poco la cabeza para volver a mirar mis ojos. Esta vez, noté una mirada suave, cariñosa, afable. Nuestros labios no podían esperar más y, en cuestión de segundos, se unieron en el beso más exquisito. Su mano acariciaba mi espalda, subía hasta mi cuello y se adelantaba a acariciar con delicadeza mi rostro. Las mías, desesperadas pero sutiles, buscaban su espalda, su pecho y también, su rostro. La ropa nunca cayó, no hubo piel de más. Sólo ese beso fue suficiente para saciarnos, completamente. El amor en la simpleza de un beso dándose paso desde un abrazo era más preciado que cualquier deseo lascivo. Esa noche estuvo exenta de caricias lujuriosas, sólo unas pocas, tiernas, y en sus brazos dormí tan plácidamente como nunca lo había hecho. Sin sexo, pero abarrotados de amor.

SEGUNDA OPCIÓN DE FINAL

Su mirada tropezó con la mía. Sus pupilas, dilatadas, brillantes. Nuestros ojos empapados de sentimientos que proliferaban en unas pocas lágrimas, incapaces de permanecer en su sitio. Rápidamente sus brazos buscaron mi cintura y sentí la necesidad de enganchar los míos a su cuello. Permanecimos inmóviles, con la mirada fija y llena de regocijo, admirándonos. Posó su barbilla sobre mi hombro, nos incorporamos en un abrazo que no quería acabar. Alejó un poco la cabeza para volver a mirar mis ojos. Esta vez, noté una mirada suave, cariñosa, afable. Nuestros labios no podían esperar más y, en cuestión de segundos, se unieron en el beso más exquisito. Su mano acariciaba mi espalda, subía hasta mi cuello y se adelantaba a acariciar con delicadeza mi rostro. Las mías, desesperadas pero sutiles, buscaban su espalda, su pecho y también, su rostro. La ropa nunca cayó, no hubo piel de más. Sólo ese beso fue suficiente para saciarnos, completamente. El amor en la simpleza de un beso dándose paso desde un abrazo era más preciado que cualquier deseo lascivo. El sonido estridente de la bocina, proveniente de un barco de marinería, nos alertó. Era hora de separarnos. En medio de la tristeza, de intentos fallidos por separar nuestros cuerpos de ese abrazo que se negaba a soltarse, sonó la tercera y última señal. En ese momento lo vi alejarse por última vez, jamás volví a sentir su beso, pero siempre sentí su amor.

Comentarios

El segundo, pero coincido tb

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El segundo, pero coincido tb con miguel, a mi ver también sobran adjetivos.

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Pernando Gaztelu