Rings of Magic: Book 1 (Capítulo 1)

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Hola, doorstein.

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Hola, doorstein.

Empecemos a destripar un poco Rings of Magic.

¿Por qué un título en inglés? ¿Por qué los libros (books) en inglés y los capítulos en español?

¿Qué te parece si dejas los títulos en inglés para la versión inglesa y aquí usas los títulos en castellano?

Imagínate lo mal que le habría quedado a Cervantes titular su novela: The Quijote

Pues aquí igual.

En general puntúas muy bien pero tienes un grave problema con los tiempos verbales.

Lo vemos:

La clase de hechizos de defensa hoy estaba siendo especialmente desagradable para Bylo, no en vano era la asignatura que más detestaba; pero no era por la asignatura en sí, sino por el profesor que la impartía: Redius Irimort.

 

    Bylo era (¿era?) un chico de quince años nacido en Itsmoor que estudiaba (¿estudiaba?) primer curso de magia (luego he sabido que es el primer curso de Magia Elemental. Es mejor que lo digas aquí o que lo hagas general: estudia magia) en la torre. Podía (¿podía?, ¿ahora ya no?) considerársele, físicamente, un muchacho bastante normal; ni demasiado alto, ni demasiado bajo, ni demasiado gordo, ni demasiado delgado ("normal" ya incluye todo esto). Su pelo era (¿ahora cómo es?, ¿rubio?) castaño oscuro y, aunque corto, portaba una pequeña coleta de unos 6 centímetros de largo. Su don mágico le venía de varias generaciones atrás.

 

    Hace dos años, Bylo le comunicó a su padre que, al contrario que a éste, (sobra) él se había decantado por el camino de la magia en vez del de la agricultura. Así que, Inició sus estudios con trece años, (me sobra toda la descripción del plan de estudios. Ya se irá descubriendo poco a poco) entró en la torre para estudiar primer curso de "Iniciación". Después vino el segundo, y ahora se encontraba en primero de "Magia elemental". Eso serían tres años, y luego debería continuar con otros tres más de "Magia avanzada". Era lo mínimo que debía estudiar cualquier mago. Después de eso, podría continuar su formación en "Magia suprema", lo cual suponían otros cinco años más de estudios y vida en la torre.

 

    Y ahora estaba allí, ante la atenta mirada de toda la clase, intentando realizar un hechizo que, si ya de por sí, se le atragantaba, tenía que hacerlo soportando la incómoda mirada del infame profesor.

 

    –¡No, no y no! –rugió Irimort, furioso, a la par que daba un sonoro golpe sobre su robusta mesa–. Se supone que el hechizo tiene que repeler al atacante con un fuerte empujón, no hacerle reír con unas ridículas chispas. ¡Esta es la tercera... cuarta vez –corrigió– que lo intenta, señor Giwet! ¡Y la última que lo hace por hoy! ¡Vuelva a su asiento! –concluyó rotundamente señalando con su dedo índice el pupitre del muchacho.

 

    Bylo siempre había pensado (¿ya no lo piensa?) que el señor Irimort era un cretino integral, pero hoy... hoy se estaba superando, pues hoy el profesor estaba de un humor de perros y lo estaban pagando con sus alumnos.

Hubiera preferido mil veces como profesor de hechizos de defensa al señor Cravius o a la señorita Melamir... o, incluso, al orondo señor Flátelus. Y es que el señor Irimort no era precisamente uno de los profesores más queridos de la torre y, ni mucho menos, el que hacía las clases más amenas; al contrario, era (¿era o es?) fácilmente irritable (se irrita con facilidad y levantaba la voz) en clase con demasiada facilidad y asiduidad. Además, su aspecto era (¿era?) criticado por los alumnos, pues su vestuario estaba (¿estaba?) pasado de moda y parecía que lo había heredado de su tatarabuelo. Esos pantalones exageradamente anchos y esos horribles chalecos a cuadros que solía llevar eran el hazmereír del alumnado.

 

    Redius Irimort era excesivamente alto que, unido a su también excesiva delgadez, daba la impresión de que se fuera a partir en cualquier momento. Tenía el pelo largo (aunque en plena coronilla era, más bien, escaso) y negro como el carbón. La uña de su dedo meñique derecho era desmesuradamente larga y la usaba a menudo para hurgarse el oído (algo que era sumamente desagradable cuando lo hacía en mitad de la clase). Su nariz, a pesar de no ser demasiado grande, tenía una leve desviación a la derecha, sin duda, ocasionada por un fuerte golpe (Bylo y sus amigos decían bromeando que su madre lo había dejado caer de la cuna porque ya, desde pequeño, era inaguantable). El único punto que tenía a su favor era que los hechizos que enseñaba eran bastante buenos. Sí, era un mago realmente bueno. (El pasado te persigue...)

 

    –¡Vaya bronca, tío! –le susurró el chico moreno de pelo alborotado (mejor si dices cómo se llama, lo presentas, y luego lo describes) que sentaba detrás de él, sacándole de sus pensamientos(¿Qué pensamientos? ¿Cuándo has dicho que Bylo estaba pensando?). Hoy está que trina. Menos mal que sólo nos quedan tres minutos para acabar la clase y perderle de vista.

 

    Era Julius Teapot (mejor antes), el mejor amigo de Bylo. Los dos se habían criado en Itsmoor y tenían una férrea amistad. Julius era un chico alto y delgaducho que tenía un sentido del humor y unas ganas de gastar bromas (a veces, demasiado pesadas) que contrastaban (¿contrastaban o se complementaban?) a la perfección con las ganas de aventura de Bylo.

 

    –Espero que estén orgullosos de la clase de hoy, señores... y señoritas –espetó sarcásticamente el enfadado profesor mientras se apoyaba con ambas manos en su mesa–. ¡Ha sido un completo desastre! ¿Cómo esperan superar este curso si ya, de primeras, no son ni capaces de realizar un hechizo tan sencillo y básico como es el de "Répelus"? No esperen –continuó sin disimular su enfadado– poder asustar ni a un inofensivo y pequeño gnomo con los ridículos intentos de magia que les he visto realizar hoy en mi clase. Mañana quiero que... –su frase se vio repentinamente cortada por la campana que indicaba que ya eran las 10.

 

    –¡No se muevan de sus asientos, no he acabado! –gritó al ver que sus alumnos se apresuraban a recoger sus libros de magia haciendo un ruido ensordecedor–. Espero que mañana –prosiguió sin bajar el tono de voz– vengan con más ganas que hoy y que, por su propio bien, practiquen el hechizo.  Su anillo no sirve de nada si no ponen un mínimo de concentración e interés en lo que están haciendo. Pueden retirarse –concluyó.

 

     Los alumnos salieron rápida y ordenadamente de la clase hasta que  (y) sólo quedó en ella el señor Irimort, el cual se sentó tras su enmohecida mesa.

Como ves, usas el pasado demasiado a menudo y para describir cosas que ocurren en el presente. Debes corregir este problema.

Debes plantearte muy en serio lo que te ha sugerido Óscar. Incluso el público adolescente tiene su criterio a la hora de valorar la originalidad de una obra. Cada autor, aunque su obra se base en otra o en la mezcla de otras, debe aportar algo nuevo, algo suyo. Patrick Rothfuss lo hizo en su Nombre del viento.

Saludos.

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Miguel

Hola Miguel, veo muy bien tus

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Hola Miguel, veo muy bien tus correcciones pero me surje una duda en una de ellas: no acabo de entender el problema de usar el pasado en la narración. Igual sí que veo un uso excesivo de verbos pero no veo la parte mala de usar el pasado (igual es que estoy espeso después de 2 semanas de vacaciones xD)

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¡Hola, Kiko! ¡Qué bueno

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¡Hola, Kiko! ¡Qué bueno tenerte de nuevo entre nosotros! Me alegro.

Respecto a tu duda sobre el uso del pasado, creo que Miguel tiene razón. Si lees con atención la primera frase del primer capítulo dice:

La clase de hechizos de defensa hoy estaba siendo especialmente desagradable para Bylo, no en vano era la asignatura que más detestaba;

¿Y qué hay más presente que hoy? ¿Lo ves ahora más claro?

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Geli

¿Ves? Estaba espeso xD. Sí,

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¿Ves? Estaba espeso xD. Sí, ahora lo veo más claro... En ese caso totalmente de acuerdo :D

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Yo también ando bastante

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Yo también ando bastante oxidada. Hace varios meses que estoy en el dique seco, así que debo andar con pies de plomo para no meter "demasiado" la gamba. Vamos a ver si entre todos nos ponemos las pilas y hacemos que Borradores se ponga en marcha.

Un abrazo, Kiko.

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Geli

Yo ya me lo he propuesto.

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Yo ya me lo he propuesto. Ahora que he terminado el texto de la novela que tenía entre manos (como ya sabes) voy a necesitar vuestra ayuda crítica más que nunca y yo trataré de hacer lo mismo. De momento ya he colgado el prólogo y con paciencia y calma iré revisando todos los capítulos (prometo no poneros aquí todo el libro, que no es plan :D).

Un abrazo!

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Hola, Kiko.

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Hola, Kiko.

Además de la explicación que te ha dado Geli. El error de usar el pasado en frases como "su pelo era...", "Redius... era... alto...", etc. es evidente. A no ser que se haya teñido el pelo (que no es el caso) o que haya menguado (que también lo dudo). Globo

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Miguel

Hola, Doorstein.

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Hola, Doorstein.

Te felicito por tu pródiga escritura, si bien, convendría que la pulieras para deshacerte de todo aquello supérfluo que no aporta nada. El consejo que te da Óscar es perfecto. Comienza por revisar el capítulo primero. Fíjate en aspectos como los que te comenta Miguel sobre los tiempos verbales. Repara también, por ejemplo, en el uso que haces de: los adjetivos acabados en -mente, el verbo ser, los gerundios...

Puedes, incluso, echarle una ojeada a algunas correcciones que se han hecho sobre otros textos en Borradores. Esto también te dará pistas sobre lo que significa "corregir".

Una vez corregido el primer capítulo, podrás hacer esas mismas correcciones en los siguientes.

¡Ánimo y a trabajar!

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Geli