Género:
- Cuento
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Cuentan los anales de un pequeño pueblo andaluz, cuyo nombre prefiero silenciar, un curioso y extraño suceso. Coincidiendo con la llegada de un apuesto y guapo médico que se hacía llamar Don Emilio, las mujeres sufrieron un súbito deterioro en su estado de salud. Raras enfermedades, sin manifestaciones físicas aparentes, empezaron a afectar a aquellas que se encontraban en edad de merecer, sin distinción entre solteras o casadas. Parece ser que las mujeres acudían con sus vestidos del domingo a sus consultas; pudiendo durar éstas un par de horas. Era por ello que no atendía a más de dos mujeres al día. Todas hablaban maravillas del talento sin igual que profesaba Don Emilio para la medicina. Sin embargo, un efecto secundario de sus tratamientos les impedía cumplir con asiduidad con sus deberes conyugales. Se detalla que esta circunstancia creó gran malestar en los hombres del pueblo quienes, a parte de las maneras elegantes y corteses del galeno, no notaban que su medicina tuviera en ellos el efecto beneficioso que causaba en sus mujeres.
Se explica en las crónicas que de la misma manera que empezaron a enfermar se curaron. Parece que ocurrió de forma repentina, a partir de la extraña desaparición de Don Emilio. Según los testimonios de la época nadie supo el motivo ni las circunstancias. Se dice que su casa amaneció un buen día con la puerta abierta. En el interior se encontraban todas las pertenencias del doctor; tanto su ropa, como los demás efectos personales, incluidos los útiles de su profesión. Las investigaciones posteriores no arrojaron luz sobre el asunto. No obstante, por aquellas mismas fechas, se ha datado el nacimiento de una leyenda popular en los pueblos vecinos. La misma narra cómo, una noche, se apareció un espectro con forma de hombre desnudo que, corriendo como alma que lleva el diablo, cruzó toda la sierra al grito de ”¡me quieren escopetear!”.
Sea como fuere, lo cierto es que, desde aquel día, las mujeres dejaron de enfermar y volvieron a cumplir con sus maridos. Sin embargo, poco tiempo después, coincidiendo con la llegada del joven y atractivo párroco Don Sebastián, un repentino fervor religioso creció en ellas. Se apunta que tanta era la necesidad que tenían de purificar sus almas, y tanta la misericordia del cura, que las visitas al confesionario podían durar toda la tarde. Pero esa es otra historia.

Comentarios
Hola. Subo este pequeño
Hola. Subo este pequeño relato para que comenteis y corrijais. Espero haberlo subido correctamente para su revisión. Un saludo
DavidRubio
Muy bueno, David.
Muy bueno, David.
En la primera lectura rápida, no he visto nada que corregir.
Lo has publicado en su sitio, está perfecto.
Gracias.
Miguel
¡Y nos dejas así! ¡Sin saber
¡Y nos dejas así! ¡Sin saber qué hacía el doctor!
El trabajo en manos de la imaginación del lector.
Gracias, David, por participar. En el taller tienes mis primeras observaciones.
Geli