Jom, suit jom

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Yo ni sabía cómo eran mis viejos; a ellos les pasaría lo mismo conmigo. Cada uno era para los otros como una película empezada, de esas en que uno no termina de entender qué cuernos sucedió antes de sentarse en la butaca.

Armaban unas trifulcas aterradoras hasta el punto en que —por comparación— “Quién le teme a Virginia Wolf” podría ser una producción de Disney.

Me tocaba oficiar de mensajero. Uno atrincherado detrás de su escritorio, escuchando a Glenn Miller a toda pastilla. “Dile a tu madre que...” La otra refugiada en la cocina, maltratando sartenes. “Dile a tu padre que...” Algo del todo innecesario ya que los gritos se debían escuchar en tres manzanas a la redonda.

Por fin se agotaban, dejaban de pelear por extenuación.

Con el tiempo aprendí a blindarme. A los siete años no había grito, castigo o bofetón capaz de traspasar mi coraza.

Quizá por eso no desprecio a los cínicos. Es un comportamiento que, a veces, se adquiere en defensa propia.

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Cada uno era para los otros

Imagen de Geli

Cada uno era para los otros como una película empezada

Esta frase lo dice todo, resume la esencia del relato, la idea sobre la que gira el texto.

Siempre que te leo, aprendo alguna cosa.

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Geli