Un poco tarde, ya sé. Es lo que tiene esto de trabajar sin horarios fijos.
Van algunas observaciones:
A pesar de su corta carrera como comisario conocía muy bien que solo había dos tipos de casos: los difíciles y los fáciles. Los primeros, atrapan el intelecto en un juego de pesquisas y lógica; los segundos, sólo dejan horror, podredumbre, asco. El doble crimen que inspeccionó esa mañana era de los sencillos. En eso pensaba cuando entró en la floristería de camino a su casa. (Es contradictorio, no creo que tenga una corta carrera si es comisario. Ni siquiera si ha sido nombrado recientemente)
—Desearía unas flores —pidió el comisario a una joven dependienta(un poco tópico, quitaría “joven” ya que eso no agrega nada). (Ojo, a lo largo del texto abusas de “comisario”, si bien intentas que el lector dude de a qué personaje te refieres, el efecto general es de confusión)
— ¿Tiene alguna idea? —le preguntó la florista— ¿Tal vez un ramo? ¿Un bouquet?
— Perdone, no suelo comprar flores, ¿qué diferencia hay? —dijo el comisario un tanto desorientado.
—Depende de la persona a quien le quiera hacer el regalo —comentó(¿se explicó?)la florista(se repite)con un tono muy profesional(innecesario)—. Un bouquet es una composición diseñada según los usos florales (florería, florista, florales…): es ideal para un compromiso; pero si es un detalle para alguien especial, yo regalaría un ramo para que lo dispusiera según su gusto(¿según el gusto de la homenajeada?). ¿Ha pensado en alguna flor(más flores) en especial?
— ¿Tiene alguna que haga desaparecer los enfados y los reproches?
Tras una minuciosa selección, el comisario salió de la floristería con un ramo de orquídeas, rosas rosadas(ro-ro), lirios y tulipanes.
El piso que visitó(“había inspeccionado”, no lo visitó por cortesía) esa mañana estaba en la segunda planta de un edificio cercano a su casa. Cuando llegó le estaba esperando el inspector(“un subalterno”, y evitamos la repe) en el vestíbulo.
—Comisario Benítez—le recibió el inspector(innecesario)—. Ya casi hemos terminado. El juez y el forense acaban de irse. Pronto llegarán los de la funeraria.
Sobre el mueble del recibidor descansaba la foto de una pareja de niños. La niña tendría unos nueve años; el niño, más pequeño, siete(este dato no aporta nada, yo lo cambiaría por algo como “ambos sonreían a la cámara”. Si prefieres un toque más dramático podría ser lo inverso: “ninguno sonreía”).
—Están en el colegio —comentó el inspector (a sus espaldas)—. El equipo de psicólogos ya está avisado. Hemos localizado a la hermana de la mujer. Todavía no hemos contactado con ningún familiar de él. (cuidadín, saltas de los niños a la pareja, y todavía no has mencionado qué ha sucedido. Esto no agrega intriga, podrías trasladar el tema del matrimonio al momento en que Benítez ve la escena y los cadáveres)
El comisario entró en el amplio salón. Era rectangular y su decoración era convencional; en la zona más interior(Hummm… ¿más interior?) estaba la mesa de comedor; en la parte que daba al balcón se encontraban, a modo de rincón de lectura, un par de sillones y una lámpara; entre las dos zonas(zona–zonas) se hallaba el sofá familiar(sofa-fa): sobre él, en posición de(innecesario, evitemos el de-de) decúbito lateral, yacía el cuerpo de la("una", aunque ya se imagine que se trata de un matrimonio, es la primera vez que la ve) mujer. Vestía una blusa de tonos verdes y unos pantalones de tela blanca: un reguero de sangre coagulada le bajaba desde la sien. En el centro("en medio". El centro, es el centro exacto) del comedor se extendía una alfombra persa(¿importa que sea persa?) y, sobre ella, boca arriba, reposaba(reposar da una idea de lasitud que no me parece la más adecuada. Retuércelo, hazlo un poco más duro) el cuerpo del marido.
—(Él) Era de estupefacientes, ¿verdad? —preguntó el comisario.
—Sí, hace poco que ascendió a comisario(¿ves lo que te digo, hay una profusión de comisarios que enturbia la comprensión antes que crear efecto) —informó el inspector—. Su expediente es inmaculado(tópico).
— ¿Fue ella? —inquirió el comisario señalando la pistola tirada en el suelo, al lado de la mujer.
—Sí, sus manos son las únicas con restos de pólvora —confirmó el inspector.
— ¿Se ha tomado declaración a los vecinos?
—En el momento de los disparos solo había dos personas más en el inmueble. Una asistenta de nacionalidad rumana(innecesario, ya que apenas es un figurante) que habla mal castellano y una anciana(“vieja”, para darle un poco de grotesco al comentario) que fue la que(fue quien) nos avisó al oír los disparos —El inspector consultó su bloc de notas y siguió—. Según ella este matrimonio discutía muy a menudo, dice que, más de una vez, quiso llamarnos por los gritos que escuchaba.
El comisario observó trozos de cristal en el suelo. Se agachó y cogió uno para examinarlo de cerca.
—Un jarrón —confirmó el inspector—. Es un jarrón(innecesario. La acotación no interrumpe el discurso) de cristal cromado, tintado en azul marino. Lo hemos rehecho, más o menos, y creemos que allí estaba escondida la pistola. Por la posición del cuerpo del hombre, la bala salió de aquí —El inspector recreó la escena situándose de espaldas a la mesa y simuló el arma con su mano—. Ella cogió("debe de haber cogido". No asegures, dale lugar a la conjetura) el arma(se repite), oculta("guardada". Si los personajes saben dónde está, ya no es oculta) dentro del jarrón, y le disparó a bocajarro(innecesario). (Él) Era un policía experto, si hubiera visto antes el arma tal vez,…
— Y después ella se suicidó —cortó el comisario zanjando el relato de los hechos— ¿Y las flores?
—(¿Flores, dice?) No hemos encontrado ninguna —respondió extrañado el inspector.
Sobre la mesa, cerca de donde estuvo el jarrón(¿cómo saben que el jarrón se encontraba precisamente allí?), había un(otro) portarretratos. En él se veían(veía) a las víctimas. Eran más jóvenes. Sonreían; a su espalda se distinguían palmeras, una piscina y un cielo azul.
—Parece mentira, ¿verdad? Dos hijos pequeños, una buena posición social,... ¿Cómo se puede llegar a esto? —reflexionó en voz alta el inspector.
—Es un hotel de la Rivera maya —dijo el comisario sin apartar la mirada de la foto.
— ¿Cómo dice?
—Reconozco esa estructura con forma de pagoda(pon la pagoda en la descripción de la foto, y aquí quédate con “reconozco esa estructura”), en el centro de la piscina.—El comisario hizo una breve pausa—. Fui allí cuando me casé.
(¿Un poquito de suspense? “Caviló unos momentos hasta que…”)
En ese instante los agentes de la policía científica les informaron que su labor había concluido y los cuerpos se podían trasladar al tanatorio.
—Preséntame mañana el informe, lo entregaremos al juez por la tarde —indicó el comisario al inspector antes de abandonar el lugar(ar-ar).
Todo eso vio el comisario antes de comprar el ramo de flores y todo eso rememoró(no es una vuelta al presente que quede clara. Te sugiero algo como “…rememoró la mañana estrujando el ramo…”) hasta que llegó al portal de su casa, entró en el vestíbulo (¿”le pareció que la imagen del inspector flotaba por allí” o “temió encontarse otra vez con el inspector”?)y esperó al ascensor. Cuando se abrieron las puertas salió la vecina que vivía en su (mismo) rellano. Era viuda y anciana.
— ¡Oh, que sorpresa comisario! Hoy salió pronto del trabajo. ¡Pero qué flores más bonitas trae! ¡qué contenta se va a poner su mujer! — Dijo casi sin respirar— Anoche les oí discutir y…
—Gracias —dijo el comisario (ya) dentro del ascensor.
Al llegar a la segunda planta el elevador ya se había impregnado del aroma, casi empalagoso,(quita esto, “empalagoso” es despectivo, y el ramo es una señal de paz) de las flores.
Con solo una mano libre, tuvo dificultad para sacar las llaves de su bolsillo y abrir la puerta. El piso estaba sumergido en el silencio: ese silencio que asalta las tripas y retuerce los intestinos. Dejó las llaves en el vaciabolsillos, rozando con el ramo el portarretratos de sus hijos, Juan y María.
Entró en el salón. Ella estaba allí (¿Ella no tiene nombre?)
Frente a él, sobre la mesa, se erigía(¿erigía?) el jarrón que un día contuvo las flores de su primer aniversario de boda. Era de cristal; cromado, tintado en azul marino.
— ¡Qué quieres ahora! —dijo ella sin tan siquiera girarse; apoyada en el respaldo de uno de los dos sillones de lectura, mirando a través del cristal(muchos cristales. Además juraría que es de vidrio) de la puerta corrediza que daba al balcón —. Hay que ir a recoger a los niños o acaso te has olvidado de que los tienes (¿cuántas veces has escrito “de” en este párrafo?).
—Por favor no empieces otra vez, solo quiero…—El comisario tragó saliva— Llevaré la alfombra persa(entiendo el uso de “persa”, sin embargo puedes quitarlo por innecesario)a la tintorería el viernes.
— ¡Y ya está! ¿quieres que te dé las gracias! —exclamó la mujer sin variar su postura—Por mí como si te vas con la puta de tu secretaria. (demasiado tarde para introducir el supuesto origen del conflicto. Mejor “Por mí como si te vas y no regresas”) Estoy harta.
Cualquier otro día el comisario hubiera respondido con un desplante, con un reproche o con un insulto: pero ese día no.
— He comprado un ramo de flores para ti —acertó a decir con una voz que la vergüenza acercaba al susurro.
Ella se volvió lentamente(¿despacio? ¿de a poco?)viendo(gerundio de posteridad. Mejor “y se fijó en”) a su marido, a sus ojos enrojecidos y al ramo que le mostraba. Sin decir una palabra se acercó a él. Ambos se miraron a los ojos(ojo con los ojos). El comisario trató de besarla pero ella apartó la cara. Agarró el ramo por la envoltura de los tallos; hundió su nariz entre las rosas. Pudo decir cualquier cosa pero solo consiguió articular: —Huelen muy bien. Entonces se llevó el ramo hasta la mesa: donde se encontraba el jarrón. (¿Tú eres soltero? Primero el ramo, luego el intento de beso. Diplomacia marital, que le llaman)
—No te pido que me ames como el primer día —dijo mientras dejaba el ramo sobre la mesa, dando la espalda al comisario, y cogía con su mano izquierda el jarrón—. Sólo te pido que me respetes.
—Te respeto…y te amo —le respondió el comisario.
— ¿Y crees que con este ramo se soluciona todo? —exclamó(Qué mujer más exclamativa) ella sin dejar de manosear el jarrón. (¿dentro del que tintineaba una Magnum .357?)
—Intentémoslo —dijo el comisario sin perder de vista el movimiento de los brazos de ella.(innecesario, es la mujer, no una sospechosa)
El salón se quedó, otra vez, en silencio. Ella, de espaldas al comisario acariciaba el jarrón; él, apenas a metro y medio, introdujo, instintivamente, su mano en el interior de su americana(¿Y acarició la culata de su Glok 9mm?).
(La mención de las armas tiene por objeto mostrarte que una escena puede “pasarse de rosca”. Esto es: no hace falta reproducir todo hasta un segundo antes de los disparos. Te sugiero quitar la sensación de alarma. El lector “ya sabe” que el ramo ha conseguido, en mayor o menor medida, apaciguar la tirantez entre los cónyuges)
—He estado pensando mucho desde anoche; he pensado demasiadas cosas…—dijo ella mientras recogía el ramo de flores—. Anda, ve a buscar a los niños al colegio. Se pondrán contentos. De paso, compra el pan.
Con el jarrón en una mano y el ramo en la otra se dirigió a la cocina. El comisario relajó su brazo mientras miraba fijamente el jarrón, tratando de ver a través de su cristal cromado; pero sólo distinguió los reflejos que la luz reflejaba (muchos jarrones, muchos reflejos) en su superficie.
— ¿Lo conseguiremos? —preguntó el comisario.
—De momento, voy a poner agua a este jarrón —le respondió con una leve sonrisa.
Al comisario le pareció suficiente.
Nota al pie: Si el comi tiene un lío de faldas, debes mencionarlo al principio. El precio es que el lector se volverá en contra del personaje y no se creerá el intento de reconciliación. Como posible escapatoria (a medias), el tipo ha recapacitado después de un desliz y decide reencausar su relación de pareja. Esto en la literatura, en la vida real, la mujer usará su pellejo como material de encuadernación…
Has repetido muchas palabras: brazo, jarrón, cristal, comisario, inspector... y has usado mucho el verbo "estar". Es un verbo comodín y, en la medida de lo posible, conviene reemplazarlo por otros menos genéricos.
David, he leído el relato y a bote pronto me ha parecido "tramposo" para el lector. Después, cuando he echado una ojeada a las observaciones de Óscar, me he ratificado en mi primera impresión. Juegas a hacernos creer -mediante la repetición de la escena y los elementos- que la esposa del comisario también es una asesina, pero como dice el maestro "te pasas de rosca", te extralimitas.
Las correcciones de Óscar, además de hacerme sonreír, me parecen muy apropiadas.
Tengo ganas de leerlo de nuevo, una vez corregido. La idea, desarrollada con más sutileza, resulta atractiva.
Me ha dado por recordar el cuento "Cordero asado" de Roald Dahl. ¿Lo has leído? Te lo recomiendo ¿Verdad, maestro?
Geli, ¿tienes algún poder paranormal que tengas que contarnos?. Hace un mes compré una edición que recopila todos los relatos de Dahl y claro allí está el "Cordero asado". Me rondaba la idea de un policia que al investigar un crimen pasional descubre que el piso, la vida de ese matrimonio, es un calco a la suya excepto en el fatídico desenlace. El policia capta el mensaje y hace un pequeño gesto para evitar que ello le suceda. El caso es que tras leer ese relato empecé éste.
Ayer, era muy de noche, inicié las primeras correcciones: primero, las que Oscar me ha dado masticadas, a ver si tengo tiempo de subirlas hoy. Me quedan dudas que os plantearé a ver qué tal. Saludos
Jajajaja, poderes paranormales, es buenísimo... Digamos que de un tiempo a esta parte me tomo las cosas con mucha más calma y más profundidad. Además, somos una pequeña comunidad con un interés común: la literatura y eso, sin duda, nos une.
Cordero asado es uno de los mejores cuentos que he leído en mi vida.
Me gusta la camaradería con la que nos movemos algunos de nosotros y aunque seamos muy pocos, el núcleo que se está formando es sólido.
¿Tan de noche como las 03:10, hora en la que escribí mi comentario?
Plantea esas dudas. Entre todos trataremos de resolverlas.
Absolutamente de acuerdo. Primero el ramo, en señal de reconciliación, luego unas palabras que aclaren las nuevas intenciones, y solo después, un abrazo sincero, un tomarse de las manos y un beso. Pero el beso, lo último, sí señor.
Os comento, en esa escena quise que primero fuera el beso para tratar de mostrar la impaciencia del comisario. El comisario ha visto su vida y el desenlace. Quiere cambiar eso, y hacerlo rápido. Saltarse las formas, buscar con premura el beso reconciliador antes que la formal entrega. Por lo menos esa era la idea, mostrar la ansiedad por la reconciliación tras haber visto hasta donde podría llegar. Ya me direis. Saludos
David, voy a ir por partes. No sé si me dará tiempo a revisar el texto de una tacada. De manera que lo revisaré a porciones.
Primera observación: ¿qué pasaría si el comisario dijera: "Buenas tardes, quiero hacerle un regalo a mi mujer"?
De ese modo nos presentarías al principio, a los dos personajes con los que también cierras el cuento. Además, esa frase se correlaciona mejor con la penúltima de este primer párrafo:
En su carrera de comisario de policía aprendió que solo existen dos tipos de casos: los difíciles y los fáciles. Los primeros, atrapan el intelecto en un juego de pesquisas y lógica; los segundos, sólo dejan horror, podredumbre, asco. El doble crimen que inspeccionó esa mañana era de los sencillos. En eso pensaba cuando entró en la florería de camino a su casa.
—Buenos tardes, quiero hacer un regalo.
— ¿Tiene alguna idea? —le preguntó la florista— ¿Tal vez un ramo? ¿Un bouquet?
— Perdone, ¿qué diferencia hay?
—Depende de la persona —explicó la dependienta—. Si es un regalo de compromiso le aconsejaría bouquet; pero si es un detalle para alguien especial mejor un ramo. ¿Ha pensado en alguna flor en especial?
— ¿Tiene alguna que haga desaparecer los enfados y los reproches?
Tras una minuciosa selección, el comisario salió de la tienda con un ramo de orquídeas, rosas, lirios y tulipanes.
Y por último, nos evitarías esas explicaciones entre ramo y bouquet que serían innecesarias si la dependienta sabe de antemano a quién va destinado el ramo.
Por supuesto, tendrás que recortar y modificar un poco el diáologo entre el comisario y la florista. Si te das cuenta, en un espacio muy corto, repites: ¿Tiene alguna...?
Gracias Geli tu observación de avisar desde ya que es un regalo a su mujer es mucho mejor que no decirlo y hablar de reproches y enfados
El objetivo de esta parte es presentar al comisario y anunciar que ha habido un crimen. También aviso que el relato no va de descubrir al asesino si no de ver en qué medida ha afectado al comisario. Tanto que le ha llevado a comprar flores a su mujer, algo que no suele hacer. El lector tendría que preguntarse ahora ¿Qué crimen ha visto? ¿Qué ha significado para el comisario para hacer algo que no suele? He eliminado la pregunta "¿alguna que haga desaparecer los enfados y reproches?". La veo forzada, nadie habla así y hace previsible lo que va a venir. Creo que es más sutil que responda a la pregunta de ¿Qué flores le gustan a su mujer? con un no lo sé. Creo que se intuye que algo pasa en su matrimonio. ¡Ya me direis!
También elimino la explicación ramo y bouquet, ayer la reduje y me empecé a plantear que me daba más problemas que otra cosa. Su sentido era explicar que el comisario no regalaba flores a su mujer pero tras el crimen sí, creo que con el cambio se mantiene el sentido pero de una forma más natural. Como dice Geli el aviso de que es para su mujer lo hace totalmente innecesario. Sí mantengo la pregunta de la florista creo que da cierto ambiente al diálogo. Además la florista de al lado de mi casa me lo preguntó en más de una ocasión.
Duda 1.- No hago referencia a la edad del comisario. Ese cargo es el más alto dentro de la policía y por tanto pudiera hacernos imaginar a alguien un poco talludito, eso me creaba el problema de los niños en el colegio. Por eso cuando hablaba de su corta carrera quería crear una imagen del comisario de unos cuarenta y tantos, la suficiente para que los niños vayan al colegio y no a la universidad. Al eliminar la corta carrera ¿qué edad se imagina en el lector? Ya sé que es un poco chorra la pregunta pero ya que estamos.
¡GRACIAS GELI Y OSCAR!. Sigo con la visita del comisario al piso del crimen.
En este tramo, como ya te indicó Óscar hay un exceso del verbo estar. Veamos cómo eludirlo:
El piso que visitó(¿inspeccionó? Ya te lo apuntaba Óscar) esa mañana estaba(¿se hallaba?) en la segunda planta de un edificio cercano a su casa. Cuando llegó le estaba esperando el inspector en el vestíbulo. (¿El inspector lo esperaba en el vestíbulo cuando llegó?)
—Comisario Benítez, ya casi hemos terminado. El juez y el forense acaban de irse. Pronto llegarán los de la funeraria.
Sobre el mueble del recibidor descansaba la foto de una pareja de niños, ambos sonreían.
—Están en el colegio —comentó el inspector—. El equipo de psicólogos ya está avisado y está(¿decidirá?) decidiendo quien se puede hacer cargo de ellos.
El comisario entró en el amplio salón rectangular decorado con un estilo convencional; en la parte interior estaba(¿al fondo? y así eludes el verbo, que queda implícito) la mesa de comedor; en la que daba al(¿cerca del?) balcón se encontraban, a modo de rincón de lectura, un par de sillones y una lámpara; entre las dos zonas se hallaba(¿y entre ambas zonas, el sofá:?) el sofá: sobre él, en decúbito lateral, yacía el cuerpo de una mujer. Vestía una blusa de tonos verdes y unos pantalones de tela blanca: un reguero de sangre coagulada le bajaba desde la sien. En medio del comedor se extendía una alfombra persa y, sobre ella, boca arriba, reposaba el cuerpo del marido.(¿En medio del comedor, sobre la alfombra persa y, boca arriba, el cuerpo retorcido del marido?)
—Él era comisario de estupefacientes, ¿verdad?
—Sí, hace poco que ascendió —informó el inspector.
Junto al sofá, tirada en el suelo, se encontraba una pistola.
— ¿Fue la mujer? —inquirió el comisario.
—Sí, sus manos son las únicas con restos de pólvora.
— ¿Se ha tomado declaración a los vecinos?
—En el momento de los disparos solo había dos personas más en el inmueble. Una asistenta rumana que habla mal castellano y una vieja que fue quien nos avisó al oír los disparos(¿tiros?) —El inspector consultó su bloc de notas y siguió—. Según ella, (coma) este matrimonio discutía muy a menudo, dice que, más de una vez, quiso llamarnos por los gritos que escuchaba.
El comisario observó trozos de cristal en el suelo. Se agachó y cogió uno para examinarlo de cerca.
—Un jarrón —confirmó el inspector— de cristal cromado, tintado en azul marino. Lo hemos rehecho, más o menos, y creemos que allí estaba escondida la pistola.(innecesario, lo explicas a continuación) Por la posición del cuerpo del hombre, la bala salió de aquí —El inspector recreó la escena situándose de espaldas a la mesa y simuló el arma con su mano—. Ella cogió el arma, oculta dentro del jarrón, y le disparó a bocajarro. Era un policía experto, si hubiera visto antes el arma tal vez,…
— Y después ella se suicidó —cortó el comisario zanjando el relato de los hechos— ¿Y las flores?
—¿Flores dice? No hemos encontrado ninguna.
Sobre la mesa, cerca de donde estuvo el jarrón, había otro portarretratos. En él se veía a las víctimas. Eran más jóvenes. Sonreían; a su espalda se distinguían palmeras, una piscina con una construcción decorativa en forma de pagoda y un cielo azul.
—Parece mentira, ¿verdad? Dos hijos pequeños, una buena posición social,... ¿Cómo se puede llegar a esto? —reflexionó en voz alta el inspector.
—Es un hotel de la Riviera maya —dijo el comisario sin apartar la mirada de la foto.
— ¿Cómo dice?
—Reconozco esa estructura en el centro de la piscina.—El comisario hizo una breve pausa—. Fui allí cuando me casé.
En ese instante los agentes de la policía científica les informaron que su labor había concluido y los cuerpos se podían trasladar al tanatorio.
—Preséntame mañana el informe, lo entregaremos al juez por la tarde — le indicó el comisario al inspector antes de marcharse.
He realizado los siguientes cambios: la introducción a esta parte, el relato del disparo de la mujer que realiza el inspector y la frase que localiza el cuerpo del marido. El resto he seguido tus sugerencias al pie de la letra.
En esta parte presento lo que ha visto el comisario en ese piso. De momento se han mostrado tres coincidencias, ambos son comisarios, el piso es cercano a su domicilio y los dos fueron de luna de miel al mismo hotel. A estas alturas el lector ya sabe que este crimen pasional es lo que ha motivado que el comisario compre las flores. Por tanto se intuye que su matrimonio está en crisis.
Duda2: Oscar comentó si era necesario que la alfombra fuera persa. Como en la siguiente parte el desencadenante de ls última discursión es llevar una alfombra a la tintorería quise destacarla de alguna manera, es persa como podría ser de algún color o forma. A ver qué os parece.
Mañana sigo con la última parte y me pienso como llevar a cabo tus sugerencias a la primera parte.
El relato de la escena del crimen queda muy claro ahora. ¡Cuántos reajustes para mejorar el cuento! ¿Verdad?
Respecto a la alfombra no añadiría ningún detalle. Ya es bastante con que se trate del mismo objeto ¿no te parece? Lo que no queda tan claro en el cuento es que la alfombra sea el desencadenante de la discusión marital.
Con solo una mano libre, tuvo dificultad para sacar las llaves de su bolsillo y(lo normal es sacar las llaves del bolsillo con una sola mano. Sí que es cierto que usas las dos para introducir la llave y estirar del pomo) abrir la puerta. El piso estaba sumergido en el silencio: ese silencio que asalta las tripas y retuerce los intestinos. Dejó las llaves en el vaciabolsillos, rozando con el ramo el portarretratos de sus hijos, Juan y María.
Entró en el salón. Ella (¿Su mujer?) estaba allí.
Frente a él, sobre la mesa, se erigía(¿destacaba?) el jarrón que un día contuvo(¿lució?) las flores de su primer aniversario de boda. Era de cristal; cromado, tintado en azul marino.
— ¡Qué quieres ahora! —dijo ella sin tan siquiera girarse; apoyada en el respaldo de uno de los dos sillones de lectura(¿orejeros? para que nos hagan recordar a los de lectura, pero sin repetir la expresión), mirando a través del cristal de la puerta corrediza que daba al balcón —. Hay que ir a recoger a los niños o acaso te has olvidado de que los tienes.
—Por favor no empieces otra vez, solo quiero…—El comisario tragó saliva— Llevaré la alfombra persa a la tintorería el viernes. (¿Por qué? ¿Qué ha ocurrido en esa alfombra?)
— ¡Y ya está! ¿quieres que te dé las gracias! —exclamó la mujer sin variar su postura—Por mí como si te vas con la puta de tu secretaria. Estoy harta.
Cualquier otro día el comisario hubiera respondido con un desplante, con un reproche o con un insulto: pero ese día no.
— He comprado un ramo de flores para ti —acertó a decir con una voz que la vergüenza acercaba al susurro.
Ella se volvió lentamente(-mente ¡fuera!. Mejor "despacio" como apunta Óscar)viendo(gerundio posteridad. ¡Fuera!) a su marido, a sus ojos enrojecidos y al ramo que le mostraba. Sin decir una palabra se acercó a él. Ambos se miraron a los ojos. El comisario trató de besarla pero ella apartó la cara. Agarró el ramo por la envoltura de los tallos; hundió su nariz entre las rosas. Pudo decir cualquier cosa pero solo consiguió articular: —Huelen muy bien. Entonces se llevó el ramo hasta la mesa: donde se encontraba el jarrón. (Bueno, ya sabes mi opinión sobre el orden en el que hacer las cosas.)
—No te pido que me ames como el primer día —dijo mientras dejaba el ramo sobre la mesa, dando la espalda al comisario, y cogía con su mano izquierda el jarrón—. Sólo te pido que me respetes.
—Te respeto…y te amo —le respondió el comisario.
— ¿Y crees que con este ramo se soluciona todo? —exclamó ella sin dejar de manosear el jarrón.
—Intentémoslo —dijo el comisario sin perder de vista el movimiento de los brazos de ella.
El salón se quedó, otra vez, en silencio. Ella, de espaldas al comisario acariciaba el jarrón; él, apenas a metro y medio, introdujo, instintivamente, su mano en el interior de su americana.
—He estado pensando mucho desde anoche; he pensado demasiadas cosas…—dijo ella mientras recogía el ramo de flores—. Anda, ve a buscar a los niños al colegio. Se pondrán contentos. De paso, compra el pan.
Con el jarrón en una mano y el ramo en la otra se dirigió a la cocina. El comisario relajó su brazo mientras miraba fijamente el jarrón, tratando de ver a través de su cristal cromado; pero sólo distinguió los reflejos que la luz reflejaba en su superficie.
— ¿Lo conseguiremos? —preguntó el comisario.
—De momento, voy a poner agua a este jarrón —le respondió con una leve sonrisa.
Al comisario le pareció suficiente.
En este último párrafo, opino como Óscar, el hecho de que haya elementos coincidentes entre su vida / su vivienda con los del policía muerto, no hace sospechosa a su mujer. Digamos que no debes dárselo tan masticado al lector, que sea el lector quien relacione ambas escenas. Ahí está la trampa de la que te hablaba en mi primer comentario.
En su carrera de comisario de policía aprendió que solo existen dos tipos de casos: los difíciles y los fáciles. Los primeros, atrapan el intelecto en un juego de pesquisas y lógica; los segundos, sólo dejan horror, podredumbre, asco. El doble crimen que inspeccionó esa mañana era de los sencillos. En eso pensaba cuando entró en la florería de camino a su casa.
—Buenos tardes, quiero hacerle un regalo a mi mujer.
—Muy bien ¿Tiene pensado algo en particular? —le preguntó la dependienta— ¿Tal vez un ramo? ¿Un bouquet?
(Aquí podrías, quizás, introducir, la duda, el titubeo que ralle con la vergüenza por no haber tenido nunca ese tipo de detalles. Pero yo no lo explicaría con palabras. Yo no reconocería con palabras que no tengo esos detalles con mi mujer, sino con mis gestos, mis titubeos, de manera que la florista se haga cargo del asunto por pura profesionalidad).
—¿Me podría orientar? La verdad es que no suelo tener este tipo de detalles.
—En ese caso, sin duda, le recomiendo un hermoso ramo, ¿Sabe qué flores le gustan a ella?
—No... no lo sé.
Tras una minuciosa selección, el comisario salió de la tienda con un ramo de orquídeas, rosas, lirios y tulipanes.
En su carrera de comisario de policía(¿"En su carrera como policía, el comisario Benítez..."? Así lo nombras no más empezar —Borges dice que el lector "se hace amigo" del personaje—, también servirá para intercalar "comisario" y "Benítez")aprendió(había aprendido) que solo existen dos tipos de casos: los difíciles y los fáciles. (¿Y si quitaras esto?, ¿qué opinas? )Los primeros, atrapan el intelecto en un juego de pesquisas y lógica; los segundos, sólo dejan horror, podredumbre, asco. El doble crimen que inspeccionó esa mañana era de los sencillos. En eso pensaba cuando entró en la florería de camino a su casa.
—Buenas tardes, quiero hacerle un regalo a mi mujer.
—Muy bien ¿Tiene pensado algo en particular? —le preguntó la dependienta— ¿Tal vez un ramo? ¿Un bouquet?
—¿Me podría orientar? La verdad es que(innecesario, y la respuesta gana sequedad) no suelo tener este tipo de detalles.
—En ese caso, sin duda, le recomiendo un hermoso(innecesario) ramo, ¿Sabe(innecesario) qué flores le gustan a ella?
—No... no lo sé. (Aquí podría intercalarse una mirada especial de la dependienta, quizá con un poco de reproche o una ceja levantada. Algo que transmita un cierto disgusto por la ignorancia del hombre)
Tras una minuciosa selección(no me cae muy bien la "minuciosa selección", preferiría algo menos rígido, "tras seguir a la empleada por toda la tienda" o algo similar. A gusto del autor), el comisario salió de la tienda con un ramo de orquídeas, rosas, lirios y tulipanes.
Si te fijas, estos detalles que señalo apuntan todos en la misma dirección: darle agilidad a esta parte del relato.
Marchando más correcciones. He retocado el inicio según los consejos de Oscar y Geli. A ver qué tal. También he recortado la "escena de las pistolas", la verdad es que me pasé "un pelín". Fundamentalmente he suprimido los actos más burdos dejando que la intriga se forme en la mente del lector. Ya dejé en el relato las pistas suficientes como para que el lector se imagine cosas. Por lo demás he ido quitando palabras repetidas. Me causa rubor reconoceros que en la primera versión aparecía la palabra comisario 24 veces. Flores, jarrón, ramo, inspector etc no aparecían tanto pero si en muy poco espacio. También he bautizado al inspector y a la esposa del comisario. No había razón para no darles nombre y facilita algunas frases. Por último si he querido mantener esa última mirada al jarrón, para que permanezca la duda de si la pistola estaba dentro o no.
¡Ya me direis que tal queda!, y ahora a ver si retomo a mi amigo Paco y sus amigos del desafio.
Mucho mejor el principio, sin merodeos ni explicaciones excesivas. ¡Bien! En cuanto tenga un rato, reviso alguna cosilla. También dejé pendiente mi corrección del inspector Varela, ostris
Comentarios
Un poco tarde, ya sé. Es lo
Un poco tarde, ya sé. Es lo que tiene esto de trabajar sin horarios fijos.
Van algunas observaciones:
A pesar de su corta carrera como comisario conocía muy bien que solo había dos tipos de casos: los difíciles y los fáciles. Los primeros, atrapan el intelecto en un juego de pesquisas y lógica; los segundos, sólo dejan horror, podredumbre, asco. El doble crimen que inspeccionó esa mañana era de los sencillos. En eso pensaba cuando entró en la floristería de camino a su casa. (Es contradictorio, no creo que tenga una corta carrera si es comisario. Ni siquiera si ha sido nombrado recientemente)
—Desearía unas flores —pidió el comisario a una joven dependienta (un poco tópico, quitaría “joven” ya que eso no agrega nada). (Ojo, a lo largo del texto abusas de “comisario”, si bien intentas que el lector dude de a qué personaje te refieres, el efecto general es de confusión)
— ¿Tiene alguna idea? —le preguntó la florista— ¿Tal vez un ramo? ¿Un bouquet?
— Perdone, no suelo comprar flores, ¿qué diferencia hay? —dijo el comisario un tanto desorientado.
—Depende de la persona a quien le quiera hacer el regalo —comentó (¿se explicó?) la florista (se repite) con un tono muy profesional (innecesario)—. Un bouquet es una composición diseñada según los usos florales (florería, florista, florales…): es ideal para un compromiso; pero si es un detalle para alguien especial, yo regalaría un ramo para que lo dispusiera según su gusto (¿según el gusto de la homenajeada?). ¿Ha pensado en alguna flor (más flores) en especial?
— ¿Tiene alguna que haga desaparecer los enfados y los reproches?
Tras una minuciosa selección, el comisario salió de la floristería con un ramo de orquídeas, rosas rosadas (ro-ro), lirios y tulipanes.
El piso que visitó (“había inspeccionado”, no lo visitó por cortesía) esa mañana estaba en la segunda planta de un edificio cercano a su casa. Cuando llegó le estaba esperando el inspector (“un subalterno”, y evitamos la repe) en el vestíbulo.
—Comisario Benítez—le recibió el inspector(innecesario)—. Ya casi hemos terminado. El juez y el forense acaban de irse. Pronto llegarán los de la funeraria.
Sobre el mueble del recibidor descansaba la foto de una pareja de niños. La niña tendría unos nueve años; el niño, más pequeño, siete (este dato no aporta nada, yo lo cambiaría por algo como “ambos sonreían a la cámara”. Si prefieres un toque más dramático podría ser lo inverso: “ninguno sonreía”).
—Están en el colegio —comentó el inspector (a sus espaldas)—. El equipo de psicólogos ya está avisado. Hemos localizado a la hermana de la mujer. Todavía no hemos contactado con ningún familiar de él. (cuidadín, saltas de los niños a la pareja, y todavía no has mencionado qué ha sucedido. Esto no agrega intriga, podrías trasladar el tema del matrimonio al momento en que Benítez ve la escena y los cadáveres)
El comisario entró en el amplio salón. Era rectangular y su decoración era convencional; en la zona más interior (Hummm… ¿más interior?) estaba la mesa de comedor; en la parte que daba al balcón se encontraban, a modo de rincón de lectura, un par de sillones y una lámpara; entre las dos zonas (zona–zonas) se hallaba el sofá familiar (sofa-fa): sobre él, en posición de (innecesario, evitemos el de-de) decúbito lateral, yacía el cuerpo de la ("una", aunque ya se imagine que se trata de un matrimonio, es la primera vez que la ve) mujer. Vestía una blusa de tonos verdes y unos pantalones de tela blanca: un reguero de sangre coagulada le bajaba desde la sien. En el centro ("en medio". El centro, es el centro exacto) del comedor se extendía una alfombra persa (¿importa que sea persa?) y, sobre ella, boca arriba, reposaba (reposar da una idea de lasitud que no me parece la más adecuada. Retuércelo, hazlo un poco más duro) el cuerpo del marido.
—(Él) Era de estupefacientes, ¿verdad? —preguntó el comisario.
—Sí, hace poco que ascendió a comisario (¿ves lo que te digo, hay una profusión de comisarios que enturbia la comprensión antes que crear efecto) —informó el inspector—. Su expediente es inmaculado (tópico).
— ¿Fue ella? —inquirió el comisario señalando la pistola tirada en el suelo, al lado de la mujer.
—Sí, sus manos son las únicas con restos de pólvora —confirmó el inspector.
— ¿Se ha tomado declaración a los vecinos?
—En el momento de los disparos solo había dos personas más en el inmueble. Una asistenta de nacionalidad rumana (innecesario, ya que apenas es un figurante) que habla mal castellano y una anciana (“vieja”, para darle un poco de grotesco al comentario) que fue la que (fue quien) nos avisó al oír los disparos —El inspector consultó su bloc de notas y siguió—. Según ella este matrimonio discutía muy a menudo, dice que, más de una vez, quiso llamarnos por los gritos que escuchaba.
El comisario observó trozos de cristal en el suelo. Se agachó y cogió uno para examinarlo de cerca.
—Un jarrón —confirmó el inspector—. Es un jarrón (innecesario. La acotación no interrumpe el discurso) de cristal cromado, tintado en azul marino. Lo hemos rehecho, más o menos, y creemos que allí estaba escondida la pistola. Por la posición del cuerpo del hombre, la bala salió de aquí —El inspector recreó la escena situándose de espaldas a la mesa y simuló el arma con su mano—. Ella cogió ("debe de haber cogido". No asegures, dale lugar a la conjetura) el arma (se repite), oculta ("guardada". Si los personajes saben dónde está, ya no es oculta) dentro del jarrón, y le disparó a bocajarro (innecesario). (Él) Era un policía experto, si hubiera visto antes el arma tal vez,…
— Y después ella se suicidó —cortó el comisario zanjando el relato de los hechos— ¿Y las flores?
—(¿Flores, dice?) No hemos encontrado ninguna —respondió extrañado el inspector.
Sobre la mesa, cerca de donde estuvo el jarrón (¿cómo saben que el jarrón se encontraba precisamente allí?), había un (otro) portarretratos. En él se veían (veía) a las víctimas. Eran más jóvenes. Sonreían; a su espalda se distinguían palmeras, una piscina y un cielo azul.
—Parece mentira, ¿verdad? Dos hijos pequeños, una buena posición social,... ¿Cómo se puede llegar a esto? —reflexionó en voz alta el inspector.
—Es un hotel de la Rivera maya —dijo el comisario sin apartar la mirada de la foto.
— ¿Cómo dice?
—Reconozco esa estructura con forma de pagoda (pon la pagoda en la descripción de la foto, y aquí quédate con “reconozco esa estructura”), en el centro de la piscina.—El comisario hizo una breve pausa—. Fui allí cuando me casé.
(¿Un poquito de suspense? “Caviló unos momentos hasta que…”)
En ese instante los agentes de la policía científica les informaron que su labor había concluido y los cuerpos se podían trasladar al tanatorio.
—Preséntame mañana el informe, lo entregaremos al juez por la tarde —indicó el comisario al inspector antes de abandonar el lugar (ar-ar).
Todo eso vio el comisario antes de comprar el ramo de flores y todo eso rememoró (no es una vuelta al presente que quede clara. Te sugiero algo como “…rememoró la mañana estrujando el ramo…”) hasta que llegó al portal de su casa, entró en el vestíbulo (¿”le pareció que la imagen del inspector flotaba por allí” o “temió encontarse otra vez con el inspector”?)y esperó al ascensor. Cuando se abrieron las puertas salió la vecina que vivía en su (mismo) rellano. Era viuda y anciana.
— ¡Oh, que sorpresa comisario! Hoy salió pronto del trabajo. ¡Pero qué flores más bonitas trae! ¡qué contenta se va a poner su mujer! — Dijo casi sin respirar— Anoche les oí discutir y…
—Gracias —dijo el comisario (ya) dentro del ascensor.
Al llegar a la segunda planta el elevador ya se había impregnado del aroma, casi empalagoso,(quita esto, “empalagoso” es despectivo, y el ramo es una señal de paz) de las flores.
Con solo una mano libre, tuvo dificultad para sacar las llaves de su bolsillo y abrir la puerta. El piso estaba sumergido en el silencio: ese silencio que asalta las tripas y retuerce los intestinos. Dejó las llaves en el vaciabolsillos, rozando con el ramo el portarretratos de sus hijos, Juan y María.
Entró en el salón. Ella estaba allí (¿Ella no tiene nombre?)
Frente a él, sobre la mesa, se erigía (¿erigía?) el jarrón que un día contuvo las flores de su primer aniversario de boda. Era de cristal; cromado, tintado en azul marino.
— ¡Qué quieres ahora! —dijo ella sin tan siquiera girarse; apoyada en el respaldo de uno de los dos sillones de lectura, mirando a través del cristal (muchos cristales. Además juraría que es de vidrio) de la puerta corrediza que daba al balcón —. Hay que ir a recoger a los niños o acaso te has olvidado de que los tienes (¿cuántas veces has escrito “de” en este párrafo?).
—Por favor no empieces otra vez, solo quiero…—El comisario tragó saliva— Llevaré la alfombra persa (entiendo el uso de “persa”, sin embargo puedes quitarlo por innecesario)a la tintorería el viernes.
— ¡Y ya está! ¿quieres que te dé las gracias! —exclamó la mujer sin variar su postura—Por mí como si te vas con la puta de tu secretaria. (demasiado tarde para introducir el supuesto origen del conflicto. Mejor “Por mí como si te vas y no regresas”) Estoy harta.
Cualquier otro día el comisario hubiera respondido con un desplante, con un reproche o con un insulto: pero ese día no.
— He comprado un ramo de flores para ti —acertó a decir con una voz que la vergüenza acercaba al susurro.
Ella se volvió lentamente (¿despacio? ¿de a poco?) viendo (gerundio de posteridad. Mejor “y se fijó en”) a su marido, a sus ojos enrojecidos y al ramo que le mostraba. Sin decir una palabra se acercó a él. Ambos se miraron a los ojos (ojo con los ojos). El comisario trató de besarla pero ella apartó la cara. Agarró el ramo por la envoltura de los tallos; hundió su nariz entre las rosas. Pudo decir cualquier cosa pero solo consiguió articular: —Huelen muy bien. Entonces se llevó el ramo hasta la mesa: donde se encontraba el jarrón. (¿Tú eres soltero? Primero el ramo, luego el intento de beso. Diplomacia marital, que le llaman)
—No te pido que me ames como el primer día —dijo mientras dejaba el ramo sobre la mesa, dando la espalda al comisario, y cogía con su mano izquierda el jarrón—. Sólo te pido que me respetes.
—Te respeto…y te amo —le respondió el comisario.
— ¿Y crees que con este ramo se soluciona todo? —exclamó (Qué mujer más exclamativa) ella sin dejar de manosear el jarrón. (¿dentro del que tintineaba una Magnum .357?)
—Intentémoslo —dijo el comisario sin perder de vista el movimiento de los brazos de ella.(innecesario, es la mujer, no una sospechosa)
El salón se quedó, otra vez, en silencio. Ella, de espaldas al comisario acariciaba el jarrón; él, apenas a metro y medio, introdujo, instintivamente, su mano en el interior de su americana (¿Y acarició la culata de su Glok 9mm?).
(La mención de las armas tiene por objeto mostrarte que una escena puede “pasarse de rosca”. Esto es: no hace falta reproducir todo hasta un segundo antes de los disparos. Te sugiero quitar la sensación de alarma. El lector “ya sabe” que el ramo ha conseguido, en mayor o menor medida, apaciguar la tirantez entre los cónyuges)
—He estado pensando mucho desde anoche; he pensado demasiadas cosas…—dijo ella mientras recogía el ramo de flores—. Anda, ve a buscar a los niños al colegio. Se pondrán contentos. De paso, compra el pan.
Con el jarrón en una mano y el ramo en la otra se dirigió a la cocina. El comisario relajó su brazo mientras miraba fijamente el jarrón, tratando de ver a través de su cristal cromado; pero sólo distinguió los reflejos que la luz reflejaba (muchos jarrones, muchos reflejos) en su superficie.
— ¿Lo conseguiremos? —preguntó el comisario.
—De momento, voy a poner agua a este jarrón —le respondió con una leve sonrisa.
Al comisario le pareció suficiente.
Nota al pie: Si el comi tiene un lío de faldas, debes mencionarlo al principio. El precio es que el lector se volverá en contra del personaje y no se creerá el intento de reconciliación. Como posible escapatoria (a medias), el tipo ha recapacitado después de un desliz y decide reencausar su relación de pareja. Esto en la literatura, en la vida real, la mujer usará su pellejo como material de encuadernación…
Has repetido muchas palabras: brazo, jarrón, cristal, comisario, inspector... y has usado mucho el verbo "estar". Es un verbo comodín y, en la medida de lo posible, conviene reemplazarlo por otros menos genéricos.
Saludos
¡Gracias Oscar me pongo a
¡Gracias Oscar me pongo a ello!. SAludos
DavidRubio
David, he leído el relato y a
David, he leído el relato y a bote pronto me ha parecido "tramposo" para el lector. Después, cuando he echado una ojeada a las observaciones de Óscar, me he ratificado en mi primera impresión. Juegas a hacernos creer -mediante la repetición de la escena y los elementos- que la esposa del comisario también es una asesina, pero como dice el maestro "te pasas de rosca", te extralimitas.
Las correcciones de Óscar, además de hacerme sonreír, me parecen muy apropiadas.
Tengo ganas de leerlo de nuevo, una vez corregido. La idea, desarrollada con más sutileza, resulta atractiva.
Me ha dado por recordar el cuento "Cordero asado" de Roald Dahl. ¿Lo has leído? Te lo recomiendo ¿Verdad, maestro?
Geli
Geli, ¿tienes algún poder
Geli, ¿tienes algún poder paranormal que tengas que contarnos?. Hace un mes compré una edición que recopila todos los relatos de Dahl y claro allí está el "Cordero asado". Me rondaba la idea de un policia que al investigar un crimen pasional descubre que el piso, la vida de ese matrimonio, es un calco a la suya excepto en el fatídico desenlace. El policia capta el mensaje y hace un pequeño gesto para evitar que ello le suceda. El caso es que tras leer ese relato empecé éste.
Ayer, era muy de noche, inicié las primeras correcciones: primero, las que Oscar me ha dado masticadas, a ver si tengo tiempo de subirlas hoy. Me quedan dudas que os plantearé a ver qué tal. Saludos
DavidRubio
Jajajaja, poderes
Jajajaja, poderes paranormales, es buenísimo... Digamos que de un tiempo a esta parte me tomo las cosas con mucha más calma y más profundidad. Además, somos una pequeña comunidad con un interés común: la literatura y eso, sin duda, nos une.
Cordero asado es uno de los mejores cuentos que he leído en mi vida.
Me gusta la camaradería con la que nos movemos algunos de nosotros y aunque seamos muy pocos, el núcleo que se está formando es sólido.
¿Tan de noche como las 03:10, hora en la que escribí mi comentario?
Plantea esas dudas. Entre todos trataremos de resolverlas.
Geli
¿Alguien coincide conmigo en
¿Alguien coincide conmigo en la secuencia ramo-beso?
Vale, ya veremos el resultado de esta primera aproximación.
Absolutamente de acuerdo.
Absolutamente de acuerdo. Primero el ramo, en señal de reconciliación, luego unas palabras que aclaren las nuevas intenciones, y solo después, un abrazo sincero, un tomarse de las manos y un beso. Pero el beso, lo último, sí señor.
Geli
Vale os comento, en esa
Os comento, en esa escena quise que primero fuera el beso para tratar de mostrar la impaciencia del comisario. El comisario ha visto su vida y el desenlace. Quiere cambiar eso, y hacerlo rápido. Saltarse las formas, buscar con premura el beso reconciliador antes que la formal entrega. Por lo menos esa era la idea, mostrar la ansiedad por la reconciliación tras haber visto hasta donde podría llegar. Ya me direis. Saludos
DavidRubio
David, voy a ir por partes.
David, voy a ir por partes. No sé si me dará tiempo a revisar el texto de una tacada. De manera que lo revisaré a porciones.
Primera observación: ¿qué pasaría si el comisario dijera: "Buenas tardes, quiero hacerle un regalo a mi mujer"?
De ese modo nos presentarías al principio, a los dos personajes con los que también cierras el cuento. Además, esa frase se correlaciona mejor con la penúltima de este primer párrafo:
En su carrera de comisario de policía aprendió que solo existen dos tipos de casos: los difíciles y los fáciles. Los primeros, atrapan el intelecto en un juego de pesquisas y lógica; los segundos, sólo dejan horror, podredumbre, asco. El doble crimen que inspeccionó esa mañana era de los sencillos. En eso pensaba cuando entró en la florería de camino a su casa.
—Buenos tardes, quiero hacer un regalo.
— ¿Tiene alguna idea? —le preguntó la florista— ¿Tal vez un ramo? ¿Un bouquet?
— Perdone, ¿qué diferencia hay?
—Depende de la persona —explicó la dependienta—. Si es un regalo de compromiso le aconsejaría bouquet; pero si es un detalle para alguien especial mejor un ramo. ¿Ha pensado en alguna flor en especial?
— ¿Tiene alguna que haga desaparecer los enfados y los reproches?
Tras una minuciosa selección, el comisario salió de la tienda con un ramo de orquídeas, rosas, lirios y tulipanes.
Y por último, nos evitarías esas explicaciones entre ramo y bouquet que serían innecesarias si la dependienta sabe de antemano a quién va destinado el ramo.
¿Voy bien? ¿Seguimos?
Geli
Por supuesto, tendrás que
Por supuesto, tendrás que recortar y modificar un poco el diáologo entre el comisario y la florista. Si te das cuenta, en un espacio muy corto, repites: ¿Tiene alguna...?
Geli
Gracias Geli tu observación
Gracias Geli tu observación de avisar desde ya que es un regalo a su mujer es mucho mejor que no decirlo y hablar de reproches y enfados
El objetivo de esta parte es presentar al comisario y anunciar que ha habido un crimen. También aviso que el relato no va de descubrir al asesino si no de ver en qué medida ha afectado al comisario. Tanto que le ha llevado a comprar flores a su mujer, algo que no suele hacer. El lector tendría que preguntarse ahora ¿Qué crimen ha visto? ¿Qué ha significado para el comisario para hacer algo que no suele? He eliminado la pregunta "¿alguna que haga desaparecer los enfados y reproches?". La veo forzada, nadie habla así y hace previsible lo que va a venir. Creo que es más sutil que responda a la pregunta de ¿Qué flores le gustan a su mujer? con un no lo sé. Creo que se intuye que algo pasa en su matrimonio. ¡Ya me direis!
También elimino la explicación ramo y bouquet, ayer la reduje y me empecé a plantear que me daba más problemas que otra cosa. Su sentido era explicar que el comisario no regalaba flores a su mujer pero tras el crimen sí, creo que con el cambio se mantiene el sentido pero de una forma más natural. Como dice Geli el aviso de que es para su mujer lo hace totalmente innecesario. Sí mantengo la pregunta de la florista creo que da cierto ambiente al diálogo. Además la florista de al lado de mi casa me lo preguntó en más de una ocasión.
Duda 1.- No hago referencia a la edad del comisario. Ese cargo es el más alto dentro de la policía y por tanto pudiera hacernos imaginar a alguien un poco talludito, eso me creaba el problema de los niños en el colegio. Por eso cuando hablaba de su corta carrera quería crear una imagen del comisario de unos cuarenta y tantos, la suficiente para que los niños vayan al colegio y no a la universidad. Al eliminar la corta carrera ¿qué edad se imagina en el lector? Ya sé que es un poco chorra la pregunta pero ya que estamos.
¡GRACIAS GELI Y OSCAR!. Sigo con la visita del comisario al piso del crimen.
DavidRubio
¿Qué pasaría si cuando la
¿Qué pasaría si cuando la florista le entrega el ramo, el comisario duda en cómo agarrarlo, cómo llevarlo: si hacia arriba o si hacia abajo?
¿Sería esto suficiente para aclarar que no acostumbra a regalar flores?
Un abrazo.
Geli
¿Sería esto suficiente para
¿Sería esto suficiente para aclarar que a sus cuarenta y cinco años es la primera vez que regala flores?
Geli
En este tramo, como ya te
En este tramo, como ya te indicó Óscar hay un exceso del verbo estar. Veamos cómo eludirlo:
El piso que visitó (¿inspeccionó? Ya te lo apuntaba Óscar) esa mañana estaba (¿se hallaba?) en la segunda planta de un edificio cercano a su casa. Cuando llegó le estaba esperando el inspector en el vestíbulo. (¿El inspector lo esperaba en el vestíbulo cuando llegó?)
—Comisario Benítez, ya casi hemos terminado. El juez y el forense acaban de irse. Pronto llegarán los de la funeraria.
Sobre el mueble del recibidor descansaba la foto de una pareja de niños, ambos sonreían.
—Están en el colegio —comentó el inspector—. El equipo de psicólogos ya está avisado y está (¿decidirá?) decidiendo quien se puede hacer cargo de ellos.
El comisario entró en el amplio salón rectangular decorado con un estilo convencional; en la parte interior estaba (¿al fondo? y así eludes el verbo, que queda implícito) la mesa de comedor; en la que daba al (¿cerca del?) balcón se encontraban, a modo de rincón de lectura, un par de sillones y una lámpara; entre las dos zonas se hallaba (¿y entre ambas zonas, el sofá:?) el sofá: sobre él, en decúbito lateral, yacía el cuerpo de una mujer. Vestía una blusa de tonos verdes y unos pantalones de tela blanca: un reguero de sangre coagulada le bajaba desde la sien. En medio del comedor se extendía una alfombra persa y, sobre ella, boca arriba, reposaba el cuerpo del marido. (¿En medio del comedor, sobre la alfombra persa y, boca arriba, el cuerpo retorcido del marido?)
—Él era comisario de estupefacientes, ¿verdad?
—Sí, hace poco que ascendió —informó el inspector.
Junto al sofá, tirada en el suelo, se encontraba una pistola.
— ¿Fue la mujer? —inquirió el comisario.
—Sí, sus manos son las únicas con restos de pólvora.
— ¿Se ha tomado declaración a los vecinos?
—En el momento de los disparos solo había dos personas más en el inmueble. Una asistenta rumana que habla mal castellano y una vieja que fue quien nos avisó al oír los disparos (¿tiros?) —El inspector consultó su bloc de notas y siguió—. Según ella, (coma) este matrimonio discutía muy a menudo, dice que, más de una vez, quiso llamarnos por los gritos que escuchaba.
El comisario observó trozos de cristal en el suelo. Se agachó y cogió uno para examinarlo de cerca.
—Un jarrón —confirmó el inspector— de cristal cromado, tintado en azul marino. Lo hemos rehecho, más o menos, y creemos que allí estaba escondida la pistola. (innecesario, lo explicas a continuación) Por la posición del cuerpo del hombre, la bala salió de aquí —El inspector recreó la escena situándose de espaldas a la mesa y simuló el arma con su mano—. Ella cogió el arma, oculta dentro del jarrón, y le disparó a bocajarro. Era un policía experto, si hubiera visto antes el arma tal vez,…
— Y después ella se suicidó —cortó el comisario zanjando el relato de los hechos— ¿Y las flores?
—¿Flores dice? No hemos encontrado ninguna.
Sobre la mesa, cerca de donde estuvo el jarrón, había otro portarretratos. En él se veía a las víctimas. Eran más jóvenes. Sonreían; a su espalda se distinguían palmeras, una piscina con una construcción decorativa en forma de pagoda y un cielo azul.
—Parece mentira, ¿verdad? Dos hijos pequeños, una buena posición social,... ¿Cómo se puede llegar a esto? —reflexionó en voz alta el inspector.
—Es un hotel de la Riviera maya —dijo el comisario sin apartar la mirada de la foto.
— ¿Cómo dice?
—Reconozco esa estructura en el centro de la piscina.—El comisario hizo una breve pausa—. Fui allí cuando me casé.
En ese instante los agentes de la policía científica les informaron que su labor había concluido y los cuerpos se podían trasladar al tanatorio.
—Preséntame mañana el informe, lo entregaremos al juez por la tarde — le indicó el comisario al inspector antes de marcharse.
Geli
He realizado los siguientes
He realizado los siguientes cambios: la introducción a esta parte, el relato del disparo de la mujer que realiza el inspector y la frase que localiza el cuerpo del marido. El resto he seguido tus sugerencias al pie de la letra.
En esta parte presento lo que ha visto el comisario en ese piso. De momento se han mostrado tres coincidencias, ambos son comisarios, el piso es cercano a su domicilio y los dos fueron de luna de miel al mismo hotel. A estas alturas el lector ya sabe que este crimen pasional es lo que ha motivado que el comisario compre las flores. Por tanto se intuye que su matrimonio está en crisis.
Duda2: Oscar comentó si era necesario que la alfombra fuera persa. Como en la siguiente parte el desencadenante de ls última discursión es llevar una alfombra a la tintorería quise destacarla de alguna manera, es persa como podría ser de algún color o forma. A ver qué os parece.
Mañana sigo con la última parte y me pienso como llevar a cabo tus sugerencias a la primera parte.
Un abrazo
DavidRubio
El relato de la escena del
El relato de la escena del crimen queda muy claro ahora. ¡Cuántos reajustes para mejorar el cuento! ¿Verdad?
Respecto a la alfombra no añadiría ningún detalle. Ya es bastante con que se trate del mismo objeto ¿no te parece? Lo que no queda tan claro en el cuento es que la alfombra sea el desencadenante de la discusión marital.
Un abrazo.
Geli
Con solo una mano libre, tuvo
Con solo una mano libre, tuvo dificultad para sacar las llaves de su bolsillo y (lo normal es sacar las llaves del bolsillo con una sola mano. Sí que es cierto que usas las dos para introducir la llave y estirar del pomo) abrir la puerta. El piso estaba sumergido en el silencio: ese silencio que asalta las tripas y retuerce los intestinos. Dejó las llaves en el vaciabolsillos, rozando con el ramo el portarretratos de sus hijos, Juan y María.
Entró en el salón. Ella (¿Su mujer?) estaba allí.
Frente a él, sobre la mesa, se erigía (¿destacaba?) el jarrón que un día contuvo (¿lució?) las flores de su primer aniversario de boda. Era de cristal; cromado, tintado en azul marino.
— ¡Qué quieres ahora! —dijo ella sin tan siquiera girarse; apoyada en el respaldo de uno de los dos sillones de lectura (¿orejeros? para que nos hagan recordar a los de lectura, pero sin repetir la expresión), mirando a través del cristal de la puerta corrediza que daba al balcón —. Hay que ir a recoger a los niños o acaso te has olvidado de que los tienes.
—Por favor no empieces otra vez, solo quiero…—El comisario tragó saliva— Llevaré la alfombra persa a la tintorería el viernes. (¿Por qué? ¿Qué ha ocurrido en esa alfombra?)
— ¡Y ya está! ¿quieres que te dé las gracias! —exclamó la mujer sin variar su postura—Por mí como si te vas con la puta de tu secretaria. Estoy harta.
Cualquier otro día el comisario hubiera respondido con un desplante, con un reproche o con un insulto: pero ese día no.
— He comprado un ramo de flores para ti —acertó a decir con una voz que la vergüenza acercaba al susurro.
Ella se volvió lentamente (-mente ¡fuera!. Mejor "despacio" como apunta Óscar) viendo (gerundio posteridad. ¡Fuera!) a su marido, a sus ojos enrojecidos y al ramo que le mostraba. Sin decir una palabra se acercó a él. Ambos se miraron a los ojos. El comisario trató de besarla pero ella apartó la cara. Agarró el ramo por la envoltura de los tallos; hundió su nariz entre las rosas. Pudo decir cualquier cosa pero solo consiguió articular: —Huelen muy bien. Entonces se llevó el ramo hasta la mesa: donde se encontraba el jarrón. (Bueno, ya sabes mi opinión sobre el orden en el que hacer las cosas.)
—No te pido que me ames como el primer día —dijo mientras dejaba el ramo sobre la mesa, dando la espalda al comisario, y cogía con su mano izquierda el jarrón—. Sólo te pido que me respetes.
—Te respeto…y te amo —le respondió el comisario.
— ¿Y crees que con este ramo se soluciona todo? —exclamó ella sin dejar de manosear el jarrón.
—Intentémoslo —dijo el comisario sin perder de vista el movimiento de los brazos de ella.
El salón se quedó, otra vez, en silencio. Ella, de espaldas al comisario acariciaba el jarrón; él, apenas a metro y medio, introdujo, instintivamente, su mano en el interior de su americana.
—He estado pensando mucho desde anoche; he pensado demasiadas cosas…—dijo ella mientras recogía el ramo de flores—. Anda, ve a buscar a los niños al colegio. Se pondrán contentos. De paso, compra el pan.
Con el jarrón en una mano y el ramo en la otra se dirigió a la cocina. El comisario relajó su brazo mientras miraba fijamente el jarrón, tratando de ver a través de su cristal cromado; pero sólo distinguió los reflejos que la luz reflejaba en su superficie.
— ¿Lo conseguiremos? —preguntó el comisario.
—De momento, voy a poner agua a este jarrón —le respondió con una leve sonrisa.
Al comisario le pareció suficiente.
En este último párrafo, opino como Óscar, el hecho de que haya elementos coincidentes entre su vida / su vivienda con los del policía muerto, no hace sospechosa a su mujer. Digamos que no debes dárselo tan masticado al lector, que sea el lector quien relacione ambas escenas. Ahí está la trampa de la que te hablaba en mi primer comentario.
Espero que mis observaciones te ayuden.
Un abrazo.
Geli
En su carrera de comisario de
En su carrera de comisario de policía aprendió que solo existen dos tipos de casos: los difíciles y los fáciles. Los primeros, atrapan el intelecto en un juego de pesquisas y lógica; los segundos, sólo dejan horror, podredumbre, asco. El doble crimen que inspeccionó esa mañana era de los sencillos. En eso pensaba cuando entró en la florería de camino a su casa.
—Buenos tardes, quiero hacerle un regalo a mi mujer.
—Muy bien ¿Tiene pensado algo en particular? —le preguntó la dependienta— ¿Tal vez un ramo? ¿Un bouquet?
(Aquí podrías, quizás, introducir, la duda, el titubeo que ralle con la vergüenza por no haber tenido nunca ese tipo de detalles. Pero yo no lo explicaría con palabras. Yo no reconocería con palabras que no tengo esos detalles con mi mujer, sino con mis gestos, mis titubeos, de manera que la florista se haga cargo del asunto por pura profesionalidad).
—¿Me podría orientar? La verdad es que no suelo tener este tipo de detalles.
—En ese caso, sin duda, le recomiendo un hermoso ramo, ¿Sabe qué flores le gustan a ella?
—No... no lo sé.
Tras una minuciosa selección, el comisario salió de la tienda con un ramo de orquídeas, rosas, lirios y tulipanes.
Geli
Afinemos un poco el principio
Afinemos un poco el principio:
En su carrera de comisario de policía (¿"En su carrera como policía, el comisario Benítez..."? Así lo nombras no más empezar —Borges dice que el lector "se hace amigo" del personaje—, también servirá para intercalar "comisario" y "Benítez") aprendió (había aprendido) que solo existen dos tipos de casos: los difíciles y los fáciles. (¿Y si quitaras esto?, ¿qué opinas? )Los primeros, atrapan el intelecto en un juego de pesquisas y lógica; los segundos, sólo dejan horror, podredumbre, asco. El doble crimen que inspeccionó esa mañana era de los sencillos. En eso pensaba cuando entró en la florería de camino a su casa.
—Buenas tardes, quiero hacerle un regalo a mi mujer.
—Muy bien ¿Tiene pensado algo en particular? —le preguntó la dependienta— ¿Tal vez un ramo? ¿Un bouquet?
—¿Me podría orientar? La verdad es que (innecesario, y la respuesta gana sequedad) no suelo tener este tipo de detalles.
—En ese caso, sin duda, le recomiendo un hermoso (innecesario) ramo, ¿Sabe (innecesario) qué flores le gustan a ella?
—No... no lo sé. (Aquí podría intercalarse una mirada especial de la dependienta, quizá con un poco de reproche o una ceja levantada. Algo que transmita un cierto disgusto por la ignorancia del hombre)
Tras una minuciosa selección (no me cae muy bien la "minuciosa selección", preferiría algo menos rígido, "tras seguir a la empleada por toda la tienda" o algo similar. A gusto del autor), el comisario salió de la tienda con un ramo de orquídeas, rosas, lirios y tulipanes.
Si te fijas, estos detalles que señalo apuntan todos en la misma dirección: darle agilidad a esta parte del relato.
Saludos
Marchando más correcciones.
Marchando más correcciones. He retocado el inicio según los consejos de Oscar y Geli. A ver qué tal. También he recortado la "escena de las pistolas", la verdad es que me pasé "un pelín". Fundamentalmente he suprimido los actos más burdos dejando que la intriga se forme en la mente del lector. Ya dejé en el relato las pistas suficientes como para que el lector se imagine cosas. Por lo demás he ido quitando palabras repetidas. Me causa rubor reconoceros que en la primera versión aparecía la palabra comisario 24 veces. Flores, jarrón, ramo, inspector etc no aparecían tanto pero si en muy poco espacio. También he bautizado al inspector y a la esposa del comisario. No había razón para no darles nombre y facilita algunas frases. Por último si he querido mantener esa última mirada al jarrón, para que permanezca la duda de si la pistola estaba dentro o no.
¡Ya me direis que tal queda!, y ahora a ver si retomo a mi amigo Paco y sus amigos del desafio.
DavidRubio
Mucho mejor el principio, sin
Mucho mejor el principio, sin merodeos ni explicaciones excesivas. ¡Bien! En cuanto tenga un rato, reviso alguna cosilla. También dejé pendiente mi corrección del inspector Varela, ostris