Nunca es tarde

Imagen de Verónica

Serpenteas hacia mí.

Inyectas el veneno que paraliza, y esperas.

Esperas escondida y acechando sin tregua

desde debajo de la máscara.

En mi interior, silencio

y un ayer que espera despertar.

 

Te acercas de nuevo, sigilosa,

me rodeas y me asfixias

poco a poco.

  

Cierro los ojos, impotente,

y noto que me invades

y el antídoto a tu veneno escondido en mi interior.

No eres más que un espectro.

  

Adentro me pierdo entre recuerdos,

culpas y reproches,

aislada. Y no quiero.

 

El antídoto comienza a hacer efecto.

Liberas mi cuerpo y te alejas

reptando en busca de otro

a quien sumir en una profunda tristeza.

 

Ahora soy yo quien se arrastra lenta, hacia afuera.

Desacostumbrada,

la luz ciega y el aire

tan espeso oprime mi pecho y me asfixia también.

  

Lenta continúo,

ante esta multitud ajena a mi pánico.

  

A medida que avanzo, crezco,

y es mi propia sangre que impregna otra vez mi cuerpo.

Ese maravilloso olor a vida.

  

Me yergo y sé

que ahora no es tarde.