República de Cromañón

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     En esta ocasión hablaré acerca de alguien en algún lugar de este país (no importa cuál)*, en estos tiempos que corren. Para resaltar que es te tipo es auténticamente autóctono baste recordar que se comió bastante bronca por no haber podido ver a la selección en el mundial del 78 y que zafó de pedo de la colimba cuando fue lo de malvinas. Describir otros aspectos de su vida como: expectativas de futuro, ideología política o gustos culturales puede ser muy impreciso.

     En algún momento se puso a laburar y formó una familia, hasta que la hiper... lo dejó mal parado. Entonces llegó a trabajar con un político de su barrio que mordió el queso. Luego entró en una privatizada y su esposa decidió dejar el empleo en la escuela. Con la bonanza comienza a colocar algún dinerillo en Inversiones, que gozan de buena fama. Ya entra en el terreno de las especulaciones sugerir que poco le preocupó ver cómo se vendía el país, se deterioraban los sistemas de educación, justicia y salud, y cómo se hipotecaba el futuro de sus hijos.

     Cuando lo despidieron y vino la mala, que la zafaba vendiendo los autos, computadoras y otros bienes acumulados años antes; quemó las fotos de Menem y también de Maradona.

     Por esas vueltas de la vida volvió a la política, acomodándose a las circunstancias, llegó a conseguir una banca en el consejo.

     A continuación me explayaré sobre el alter ego de este buen señor, que no he mencionado más que tangencialmente; me estoy refiriendo a sus finanzas. Que comenzó apenas teniendo su lugar, pero se ha impuesto de tal forma que no estoy en condiciones de definir quién es más real. Y así fue que con altibajos se fue delineando el perfil de lo que llamamos “inversor” o “empresario exitoso”. Se pasó del plazo fijo a otro tipo de negocios: jubilación privada, fondo común de inversiones, que generaban buenas ganancias. Aunque el país se está hundiendo, la guita se coloca en otros países en esas cuentas (offshore), a resguardo de los temporales financieros de esta región. Así, este alter ego de nuestro protagonista tiene un buen porcentaje de su patrimonio en títulos de la deuda argentina.

     Hoy revisa el detalle, que le acerca el banco, de los movimientos de sus finanzas. Pero no puede alegrarse por haber logrado un crecimiento y rentabilidad récord, que ni siquiera hubiese soñado. Tampoco está acompañando a su gobierno en los festejos del nuevo plan económico que nos sacará del pozo. En ese papel que describe una larga lista de transacciones, se observa la adquisición de acciones de la empresa que es dueña del boliche en el que su hijo perdiera la vida el día de la tragedia.

     En vano se encuentra ahora buscando un culpable que sea otro. Su figura de padre acongojado no puede disimular las figuras de funcionario y empresario, que otrora tantas veces expuso públicamente, y hoy quisiera enterrarlas bien profundamente. Camina perdido, porque una marcha pidiendo justicia no es su lugar. Tampoco espera ser escuchado, así como nunca se detuvo a escuchar a los demás. Ya ni siquiera se pregunta por aquel que prendió fuego a ese lugar; bien pudiera ser su propio hijo, pocas veces educado en los valores que representan la libertad y responsabilidad.

     Y no lo vemos festejando con cohetes y bengalas sus triunfos económicos como lo hubiese hecho en otros tiempos. Pero se hace bien presente ese aforismo que nos dice que es buen momento para las inversiones cuando se ve correr sangre por las calles... aunque esa sangre sea la propia.

     * El lugar, porque el país es evidente que se trata de Argentina.