Ángel

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 Todo comenzó una fría y nubosa noche de otoño en la cual no tenia ganas de salir, así que que recluido en mi habitación me dispuse a entregarme por entero a una de mis aficiones favoritas; la lectura de un buen libro.

Poco antes de la media noche, asomado a la ventana de mi habitación pude pude observar el paisaje dantesco que conformaba la niebla cubriendo por completo la calle hasta donde llegaba mi vista. Después de eso seguí enfrascado en la lectura.

La noche fue pasando tranquilamente a su ritmo y la niebla del exterior cada vez era más espesa, y aún estando la ventana cerrada, esta se abrió de repente haciéndome levantar de golpe de mi asiento.

Poco a poco mi habitación se fue llenando de la densa niebla que habitaba en exterior, y ademas algo más entro con ella. A medida que se iba disipando la niebla, una figura se iba esbozando mientras esta se acercaba a mí. Su aspecto resulto ser humano casi celestial, su melena castaña se deslizaba por su desnuda espalda a la vez que reposaba sobre unos desnudos hombros, la tez canela de su faz contrastaban con el verde olivo de su mirar y con el rosa coral de sus labios, su cuerpo solo lo cubría una túnica blanca de fino lino y suave seda, la cual solo se sostenía mediante un nudo el cual se apoyaba delicadamente sobre uno de sus hombro y como complemento a la altura de la cintura un cordón dorado el cual hacia que la túnica se ciñera un poco.

A medida que se iba acercando pude comprobar que su belleza era más sublime de lo que me había pensado y su mirada; una mezcla entre sensualidad y picaresca, y he de reconocer que me tenia hipnotizado. En cuanto al resto del cuerpo, no tengo palabras para calificarlo, piernas largas y esbeltas terminadas en pies menudos embutidos en sandalias griegas las cuales estaban atadas a unos delicados tobillos, el cordón de oro a pesar de estar ceñido a su cintura descansaba sobre sus caderas, y a pesar de que solo una fina capa de tela separaba su cuerpo del exterior, este dejaba poco para la imaginación y de cintura para arriba no era la excepción, bajo esa tela se apreciaban dos bultos de tamaño mediano, pero lo que más me llamo la atención eran … sus alas.

Conforme ella se iba acercando, yo más atónito me iba quedando ante tal situación y de vez en cuando me pellizcaba para comprobar que estaba despierto y efectivamente ese dolor era el que me mantenía en contacto con la realidad. Al disiparse totalmente la niebla ella estaba en frente de mi, tenia sus ojos clavados en los míos y su aliento lo pude sentir en mi cuello y antes de que pudiese articular palabra ella puso sus dedos indice y corazón en mis labios, para que así mis palabras no se escapasen y con las mismas acerco sus labios a mi oído y me susurró, - soy tu ángel de la guarda -.

Ante tal revelación mis ojos se abrieron de par en par y aunque mi mente me decía que aquello no podía ser real, pero mis ojos me decían todo lo contrario.

Al día siguiente me desperté algo confundido, ya que no sabia si aquella revelación había sido real o tan solo fue algo onírico, pero al incorporarme al mundo real, mi mano toco algo que yacía sobre mi almohada, y al girarme para ver lo que era, entre en shock y sin saber como reaccionar al ver que se trataba de una pluma blanca.

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