¿Celos entre hermanos?

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  • Cuento

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La película llegando a su fin, y las lágrimas corriendo por sus mejillas. Movió la cabeza, asegurandose de que nadie le viera, ¡muy mayor para llorar! Necesitaba que alguien comprendiera porqué, cómo el protagonista de la cinta, él siempre fue el niño egoísta. Cuánta aflicción silenciosa, mientras su hermano menor jugaba con el cochecito -aquel que la madre le obligó a prestarle, so pena de ser el niño malo-. Nunca se llevó bien con él, cómo iba a hacerlo, si hasta los regalos que él recibía, debía abrirlos el pequeño -claro, es que ¡era pequeño!-. Perdió el derecho de posesión y de niñez, al convertirse en hermano mayor. Incluso el llanto le fue expropiado en favor de aquel extraño. ¡Debería estar prohibido ser mayor con cuatro años! Y la familia aún sorprendida que al crecer le diera de lado. 

La psicóloga en el film le aconsejaba dejar todo atrás y recomenzar. Sentir el dolor y así desplegar las alas y volar. No fue fácil porque a la mujer le costó comprender, que la tristeza llenó los vacíos de lo que obligatoriamente cedio. Que le arrebataban de nuevo, su única y preciada adquisisión. Muy diestra le pidió que disfrutara su pena en todo su esplendor. Le ofreció la oportunidad de construir con "su tesoro infantil" sin renunciar sin ceder. Los camiones infantiles devienen en grandes corporaciones a veces, y el suyo sólo era un poquito diferente. 

¡Se levantó decidido!. Alguien encotraría con la habilidad para ayudarle a transformar "su juguete" en felicidad.