Éramos tan jóvenes cuando lo vi partir, aún recuerdo el dolor que me causaba el hecho, recuerdo las noches que pasé en vela, en compañía de los recuerdos que me encogían el corazón; pero en el fondo supe que era lo mejor. Habíamos olvidado el amor, dejamos de disfrutar la magia de un beso, no sentíamos un abrazo, un agarrón de manos… no nos sentíamos. Sus últimas palabras resuenan en mi mente “No te olvidaré, cariño. Adiós”. Se alejó, no supe nada más de ese hombre. La vida continuaba y sabía que era necesario olvidar el amor que sentí.