La puerta

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Nuevo Cuento publicado.

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Hola, Fanathur. Buen cuento.

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Hola, Fanathur. Buen cuento. Hay alguna cosa que no se entiende muy bien, como, por ejemplo, el que aparezca la policía. ¿Quién la avisó?

Te dejo algunas observaciones:

El cuchillo se mueve ágil y preciso en manos de Tania. Mientras comienza a cortar las verduras, un familiar sonido familiar (me suena mejor invirtiendo el orden) desde su portátil, colocado sobre un lateral de la encimera, le informa que la videoconferencia de Skype está lista.

( No se deja espacio entre la raya y el texto) ―Hola, cariño. Acabo de recoger a las chicas del conservatorio.

―Hola, mamá gritan al unísono desde el fondo.

―Hola, preciosas. Vale, ya comienzo a preparar la cena. No me tardéis y sigue cortando verduras.

―Tranquila, antes no había mucho tráfico en la radial. Te quiero.

De regreso a la cocina, pasa por el salón y aviva un poco la chimenea. Ya de vuelta, gradúa el calor de la sartén y pone los filetes de ternera dentro. Un chisporroteo la le hace bajar un poco más la potencia. Luego, vuelve a su portátil para recordar los pasos que vienen ahora. Mientras examina el texto, un reflejo en la pantalla llama su atención. Se vuelve, pero no ve a nadie. “Demasiadas pelis de terror, Tania.” Continúa mirando el menú. No obstante, vuelve a sentir la presencia, aunque esta vez no le ha hecho falta ningún reflejo (¿por qué?). Se gira hasta hacia el pasillo de entrada y descubre a un hombre corpulento con pasamontañas; un temblor le recorre el cuerpo. Durante unos segundos, se queda quieta, congelada ante la amenaza. Con un giro rápido sale corriendo en dirección al dormitorio, mientras grita pidiendo ayuda. El intruso la persigue sin poder alcanzarla. Por desgracia para Tania, un segundo intruso aparece en la puerta del dormitorio, cortándole el paso; sin tiempo a para reaccionar, intenta (¿lo intenta o se lo da?) darle un puñetazo. El derechazo coge desprevenido al extraño, pero no lo suficiente para tirarlo y, como respuesta, una patada en el estómago la despide hacia atrás un par de metros, donde el primer intruso la coge por el pelo, arrastrándola por el pasillo hasta el dormitorio.

 

Los agresores no le preguntan nada. Sencillamente la ponen sobre la cama y comienzan a darle golpes en la cara y en el estómago. Después de unos cuantos, el segundo hombre, alto y muy delgado, le indica (¿le dice?) que solo quieren el dinero y las joyas y que cuanto antes lo tengan, antes acabará todo, y vuelve a pegarle otro puñetazo en el estómago. El primer agresor levanta un poco la cabeza, husmea y sale en dirección a la cocina para apagar el fuego (¿para qué apaga el fuego?), regresando con el cuchillo de la carne. Tania termina por decirle la ubicación y la contraseña de la caja fuerte. Ambos hombres se hablan en un idioma extranjero y mientras el agresor alto sale en busca del dinero, el otro, más corpulento y obeso, se queda vigilándola, sentado en la cama de matrimonio, palpando el pantalón de la mujer.

 

Al cabo de dos minutos, el ladrón delgado (se sobreentiende) regresa y se encuentra con que su compañero ha estado aprovechando el tiempo a su manera. Tania, está llorando sobre la cama, sin fuerza para oponerse más a su opresor.

―Déjala. No hay tiempo para eso. Ya te follarás una puta luego ―le recomienda el ladrón en su idioma.

―De eso nada. Siempre hay tiempo. Dame un par de minutos, venga Le da un puñetazo en la mandíbula a la mujer.

―Ok, solo un par de minutos. ―Suelta la bolsa y se pasea mirando las fotos del tocador. Tienes unas hijas muy lindas. ¿Qué edad tienen?

―¡Cóño, cállate! Que no me concentro. ―se cabrea el violador.

 

No acaba de terminar la frase cuando una luz muy potente y un ruido de ruedas sobre gravilla atraviesan la casa. Tania intenta zafarse pero un fuerte tirón de su pelo la deja como estaba. Los dos hombres susurran algo en su idioma. El largo sale en dirección a la puerta de entrada, agazapado, con una pistola en la mano, para esconderse detrás de la enorme puerta de entrada. El segundo le susurra al odio oído: “Hoy habrá postre...” y le lame la oreja.

 

El ladrón espera. Unas llaves suenan débilmente y la puerta comienza a abrirse, lento (¿lentamente?) al principio, hasta que, de pronto, se termina con una potencia (esta frase no me suena bien) que pilla por sorpresa al ocultado. El golpe es tan fuerte que lo deja semiinconsciente en el suelo. El violador, que no espera ese sonido, se agacha junto a la puerta y, cuchillo en mano, asoma la cabeza. Su sorpresa se refleja en la cara al verse de frente y a pocos metros, con dos agentes completamente armados que le apuntaban apuntan (o le están apuntando) con las miras laser de sus fusiles de asalto.

 

Tania sigue moviendo sus puños y por fin consigue zafarse. Aún Ddesorientada por los golpes, se arrastra hasta los pies de la cama y de una patada, empuja al violador que, perdiendo el equilibrio, cae hacia los agentes. Los policías, no dudan en abrir fuego contra la amenaza que se les viene encima (si se está cayendo no se entiende que le disparen).

 

El tiroteo apenas dura un segundo. El estruendo deja lugar a la confusión y policías y sanitarios entran corriendo en la casa. Tania, sentada al pie de la cama, se asoma por el pasillo para ver a su agresor en un charco de sangre, a la policía y los sanitarios junto al ladrón y, al fondo, aún en el coche, a su familia, sana y salvao. En la cocina, mientras tanto, un agente se detiene ante el portátil y le sonríe a la cámara web.

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Miguel

Hola, Fanathur.

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Hola, Fanathur.

Miguel ya hizo el trabajo difícil, apenas me quedan algunos comentarios.

No es necesario hacer hincapié entre los dos maleantes. Aclaras tanto quién es cada uno que el resultado es confuso. El dato, creo, carece de importancia. Tampoco es muy útil señalar que son extranjeros, no aporta nada y, al final, terminan hablando en castellano.

Una más: se te nota el ansia por llega al desenlace, eso hace que dejes de lado el aspecto dramático del relato. Podrías desarrollarlo más (y darles tiempo a los polis, que tampoco viven al lado).

Lo mismo que Miguel, me preguntaba de dónde habrían caído los maderos. Lo solucionas bien con la cámara web, pero, no te olvides que la prota sale de la cocina y ya no regresa. ¿Qué pudo verse desde esa perspectiva? Los malos deberían atacar a Tania allí mismo (y bien a lo bestia).

Saludos

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Hola, Fanathur. Jugar con el

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Hola, Fanathur. Jugar con el recurso de la cámara web tiene sentido, tal como te indica Óscar, si la escena violenta transcurre en la cocina. Estoy de acuerdo con las observaciones de mis compañeros. Te indico algunas más. Ahí van:

El cuchillo se mueve ágil y preciso en manos de Tania. Mientras comienza a cortar (ya ha comenzado) corta las verduras, un familiar sonido desde su portátil, colocado sobre un lateral de la encimera,  el sonido familiar de su portátil, le informa de (En España añadiríamos esta preposición) que la videoconferencia de Skype está lista.

―   Hola, cariño. Acabo de recoger a las chicas del conservatorio.

―   Hola, mamá –gritan al unísono desde el fondo.

―   Hola, preciosas. Vale, ya comienzo a preparar la cena. No me tardéis –y sigue cortando verduras. (Idem. Ya ha comenzado en la primera frase del relato. Diría algo así como, "Estoy preparando la cena. Espero que esté lista cuando lleguéis").

―   Tranquila, antes no había mucho tráfico en la radial. Te quiero. (Aquí me falta la reacción de Tania que también sirva como cierre de la videoconferencia).

 

Tania repasa mentalmente el procedimiento y los pasos para el nuevo plato que se ha bajado de internet: las verduras, cortadas; el arroz, cocido; la carne, pendiente. Pone un poco de aceite de oliva en la sartén, dejándolo lo deja a fuego lento, para ir hasta Se dirige a la entrada y quitar el cerrojo de la inmensa puerta de roble tallado que adorna el tranquilo chalet de sus sueños. Observa por la mirilla y enciende las luces del garaje exterior. “Así no me interrumpirán luego”.

También me llama la atención que los polis y los sanitarios lleguen tan rápidos. ¿Quién los avisa? Espero con interés la revisión de tu texto.

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Geli

Se me había escapado el

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Se me había escapado el comentario que ahora te hace Geli. La mayoría de las veces la palabra "comenzar" no es necesaria, el comienzo queda implícito en la acción.

Otra cosa: "la inmensa puerta de roble tallado que adorna el tranquilo chalet de sus sueños" podría reemplazarse por "la puerta de calle" sin pérdida alguna.

Por último, ¿qué pasaría si ese cuchillo que se mueve ágil y preciso en manos de Tania cumpliera alguna funcioncilla? Digo, ya que es tan ágil, tan preciso, tan... quirúrgico, y están a punto de entrar en escena dos tipos malvados, ¿por qué no aprovecharlo?

Saludos

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Eso mismo he pensado yo. De

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Eso mismo he pensado yo. De ahí también mi insistencia en que no se marche de la cocina.

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Geli