Género:
- Cuento
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Los sueños...cuan variadas son las teorías y misterios que los envuelven. Dicen de ellos que son anhelos camuflados con pintorescas metáforas; cuadros abstractos de traumas infantiles; simples reacciones a acciones emprendidas...muchas son las desesperadas explicaciones que se les ha buscado por mentes inquietas, pero todas coinciden en un punto común: Nunca son reales.
Pobres. Yo he pisado el infierno y mis pies aún humean. Ten cuidado cuando duermas.
Una semana antes
Sara caminaba con la rutina reflejada en la cara, mirando sin prestar atención a puntos mil veces observados con anterioridad. Una tenue llovizna abrazaba su taciturna cara de camino al colegio cuando un movimiento anómalo en la calzada captó irremediable e instantáneamente su atención: Un monovolumen granate impactaba en ese momento fatalmente contra un camión, tras saltarse éste último un STOP. El sonido del impacto sacudió los oídos de Sara y el grave destrozo hizo que se le escapara un grito.
El caos tomó la tranquila calle con gente corriendo hacia el lugar; gritando; gesticulando y llamando por el teléfono móvil. La curiosidad es más poderosa que la responsabilidad, es por eso que también se dirigió hacia el lugar del accidente a pesar de que ya llegaba tarde a clase de matemáticas.
Allí un gran número de personas la esperaban, rodeando el destrozado monovolumen...tumulto hacia el que un desolado camionero con evidentes síntomas de cansancio y embriaguez trataba de comunicar su irrefrenable pesar mientras lloraba desconsoladamente. Varios lo miraban con desprecio; el resto de la gente se encontraba petrificada, con los ojos como platos. Apenas podían controlar las ganas de pellizcarse o frotarse los ojos.
Un niño salió de entre la gente; un chiquillo rubio de unos cinco años de edad ataviado por un chándal rojo.
-Hola -le dijo el pequeño.
Sara bajó la vista y se cercioró de la presencia del niño.
-Tengo pupa -continuó el pequeño- ¿Y tú, tienes pupa?
Sonrió. No podía evitarlo al hablar con niños de esas edades.
-No cariño, no tengo pupa.
-No molestes a la chica Rubén -dijo una mujer pelirroja que acababa de salir de entre la muchedumbre y que a grandes rasgos era la madre del chico.
Sara pensó en replicar, en decir algo así como “No es molestia, mujer” o algo por el estilo pero la expresión de la mujer hizo que se contuviese. Lo que vio en los ojos de esa mujer fue miedo...más que eso...era autentico terror provocado por algo que no conseguía entender.
Miró en derredor pero no obtuvo ninguna evidencia del origen de dicha preocupación.
<-Tal vez a lo que tenga miedo es a donde tenga que ir -cavilaba- Tal vez su marido la pegue, o algo así.>
Siguió con la vista a la madre y al hijo hasta que les perdió de vista...hasta que despertó sudorosa en la cama.
-Oh mierda, ¡me he dormido!
Saltó y tras estar apunto de caer tras trastabillarse con las zapatillas de casa olvidadas al pie de la cama fue al baño. Unas tenues ojeras bordeaban sus ojos azul oscuro; un suspiro fue el mensajero de su lamento.
Volvió al cuarto y se vistió a toda prisa, cogió un par de magdalenas cubiertas de chocolate para ir comiendo por el camino, su mochila y salió disparada a la calle, donde la saludo una tenue llovizna.
Mientras repasaba mentalmente la guerra civil para el examen de historia que tendría a segunda hora, algo reclamo su atención en la calle contigua. Un tumulto de gente se encontraba amontonada tapando media carretera y los coches que podía divisar del carril contrario se hallaban detenidos y con las luces de emergencia encendidas.
A pesar de la distancia, preocupadas exclamaciones llegaron hasta sus oídos. Antes de que se diera cuenta de lo que hacía, ya se encaminaba hacia la aglomeración.
-No me jodas.
Fue todo lo que alcanzó a articular cuando vio lo que había creado tal concentración de gente: Un monovolumen granate se hallaba horrorosamente destrozado, embestido por un camión verde sin remolque.
-No me jodas...no me jodas.
En ese mismo instante vio acercarse a la ambulancia como podía entre tanto coche y tan poco espacio. El sonido de la sirena le dio un toque más lúgubre, por real, a la escena.
Sara se coló como pudo entre la gente para poder llegar a ver el interior del monovolumen.
-¡Abran paso! -gritaban los médicos.
Cuando Sara alcanzó a ver finalmente el interior del destrozado vehículo, a punto estuvo de sufrir un infarto: En el interior yacían un niño pequeño, de unos cinco años de edad con un chándal rojo, junto a una mujer pelirroja.
<Tengo pupa. ¿Y tú, tienes pupa?>
-Es imposible -dijo en un susurro.
Los médicos introdujeron los brazos a través de las destrozadas ventanillas para comprobar el pulso. Primero palparon las muñecas y después en el cuello. Las miradas que intercambiaron confirmaba la trágica evidencia.
-Dispérsense, aquí no hay nada que ver.
Poco a poco la multitud fue deshaciéndose, volviendo aturdidos a sus rutinas. Sara continuaba petrificada, tratando de asimilar tan incomprensible realidad. La policía llegó al lugar del accidente con sus estridentes sirenas ululando y extrayéndola de su ensimismamiento.
Continuó afligida el camino al colegio, bulléndole miles de ideas en la cabeza, tratando desesperadamente de buscar una explicación lógica a lo que había sucedido.
<-Quizás no haya soñado eso y me estoy sugestionando innecesariamente...>
La lluvia se intensificó, cubriendo las enrarecidas calles con su frío manto. Sara llegó al colegio con la mirada perdida. Quizás por esa mirada, el profesor de matemáticas no le hizo ninguna pregunta ni le puso ningún impedimento a que se sentara en su pupitre a pesar del escaso tiempo que restaba para que finalizase.
El día transcurrió lento. Con el pesado caminar que exhibe el crono cuando mayor es la angustia que invade nuestros corazones. El terco latir insano que invita a que te pelees con tus dañinos recuerdos.
Andaba tratando de olvidar Sara tan extraño día cuando, al finalizar el mismo, el descanso trajo con él nuevos motivos para seguir frunciendo el ceño a una realidad que perdía consistencia a cada segundo.
¿Sería una simple recreación de su cerebro, aquél inhóspito paraje que visitaría Sara al caer en los brazos de Morfeo? Puede. Sería lo lógico, al menos. Sin embargo, una extraña sensación la invadiría cuando se encontrase inmersa en tan singular sueño...
Continuará

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Comentarios
Hola, J. Me has intrigado con
Hola, J. Me has intrigado con este sueño que, como una premonición, acaba por cumplirse.
En una lectura rápida, observo que recurres al gerundio. ¡Ojo! No en todos los casos su uso es correcto. Cada vez tengo más claro que debo colgar la información pertinente sobre ellos en la web. Traen muchos problemas a todos los que escribimos. Échales una ojeada y cerciórate de que todos son correctos. En caso de duda, sustitúyelos por otra expresión o consulta y lo debatimos.
Abriré el hilo en el foro para ir comentando con detalle otros aspectos.
Un abrazo.
Geli
¡Hola J. Stark! Buenísimo
¡Hola J. Stark! Buenísimo encontrarte por acá. Leí este fragmento (?) del cuento Susurros Nocturos y me gustó la mezcla entre lo onírico y la realidad. Me quedé con ganas de seguir leyendo lo que sigue.
¡Abrazo!
AquaVioleta
www.aquateca.com.ar
@Aquarelas