Casa tomada - Julio Cortázar (con comentarios)

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Si no han leído el cuento, pueden hacerlo aquí.

Este cuento trae mucho paño para cortar. Me gusta la sensación de inquietud, de incomodidad, que produce.

Ya en el principio suelta algunos indicios bastante “pesados”:

“A veces llegamos a creer que era ella (la casa como personaje “vivo”) la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos (¿Qué tal, los hermanitos?), era necesaria clausura de la genealogía asentada por los bisabuelos en nuestra casa.”

Hay algo escondido en los cajones:

“Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas.

Tras ello, se muestra una inercia tediosa, una nada, donde el menor signo es motivo de atracción:

“...a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.

El primer “ataque” de la casa (que opera como ese ser vivo ya señalado):

“...escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo...”

Sea lo que fuere, la respuesta del personaje es —hasta aquí— poco natural. En vez de investigar, realiza acciones defensivas. Esta actitud queda justificada a las pocas líneas:

“—Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.

Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.

—¿Estás seguro?

Asentí.

—Entonces —dijo recogiendo las agujas— tendremos que vivir en este lado.”

Los hermanos parecen haber esperado que esto se produjera en algún momento.

¿Quién o qué produce esos ruidos? La casa puede ser la causante o, quizá, una mera caja de resonancia frente a la culpa, producto del incesto (¿que ya no puede permanecer en silencio?).

Una pauta del precio a pagar, viene en las siguientes frases:

“—No está aquí.

Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.”

Entonces, creyendo que ya nada queda pendiente, se conforman. Pero el gusano no descansa.

“Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.

(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba enseguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor...

... En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos más alta o Irene cantaba canciones de cuna.

...—Han tomado esta parte —dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo (¿como un cordón umbilical?). Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.”

No por nada, la mejor traducción de Poe al castellano es la que corresponde a Cortázar. Y hasta se advierte un paralelismo entre “Casa tomada” y “La caída de la casa Usher”.

Este paralelismo transita dos caminos, uno visible: dos hermanos viviendo en soledad; y otro, disimulado entre las palabras: el incesto, que exploramos apenas en los renglones anteriores.

En ambos relatos, lo siniestro es una espada sobre la cabeza del lector. Las casas tienen entidad de personajes dentro de la historia. Y acechan a los respectivos protagonistas, les tienden trampas, los acosan.

“Casa tomada” leída por el propio don Julio: http://www.juliocortazar.com.ar/suvoz.htm

Saludos