El cuchillo se mueve ágil y preciso en manos de Tania. Mientras comienza a cortar las verduras, un familiar sonido desde su portátil, colocado sobre un lateral de la encimera, le informa que la videoconferencia de Skype está lista.
― Hola, cariño. Acabo de recoger a las chicas del conservatorio.
― Hola, mamá –gritan al unísono desde el fondo.
― Hola, preciosas. Vale, ya comienzo a preparar la cena. No me tardéis –y sigue cortando verduras.