Una anécdota "de cine"

Imagen de Oscar

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Puede que se trate de una leyenda urbana, lo relato tal como me lo contaron:

Hace muchos años, en Argentilandia, la distribución de películas se hacía mediante motociclistas. Había pocas copias y, en los estrenos simultáneos, los cines acomodaban sus horarios para dar tiempo a que llegaran "los rollos".

En el intermedio —antes de la peli de fondo— se acostumbraba a incluir un "número vivo". Aparecían magos, perritos que adivinaban un número, y cantantes, todos de ínfima categoría. Llenaban una media hora hasta que el maquinista recibía el material y lo ponía en el proyector.

Cuando se estrenó Psicosis, en uno de los cines sucedió lo siguiente: el número vivo lo ocupo un guitarrista espantoso. Tocaba mal y cantaba peor. Empezaron unos silbidos aislados, algún "buuuuu" desde el gallinero. Minutos después el cine hervía entre gritos, abucheos y silbatina generalizada. El intérprete continuó como si nada ocurriera hasta terminar la pieza que estaba destrozando.

Por fin se puso de pie (ya llovían caramelos duros, bollos de papel, etc.), hizo una reverencia y dijo frente al micrófono:

—Señoras y señores, muchas gracias por los aplausos.

Gran pataleo general.

—Ahora van a ver Psicosis —continuó impasible—, una gran película de suspenso dirigida por Alfred Hitchcock.

El tipo caminó hasta las bambalinas. A último momento se volvió hacia la platea y gritó:

—¡El asesino es Anthony Perkins! Sorprendido